"Espinete, ¿te vienes a la panadería de Chema?"
Don Pimpón, 1985


10/31/2026

Rancheras y falsos pringados

Cayetano Morris después de 
liar la escabechina de las
flores.
Cayetano Morris me pidió una cita el pasado jueves. Era la tercera vez que me lo pedía, así que tuve que decirle que sí. Lo siguiente que me dijo fue: ¿te gustan las rancheras? En aquel momento me arrepentí de haber aceptado y, aunque le dije que no eran santo de mi devoción, sabía que algo desastroso ocurriría. 

El viernes apareció en la puerta de mi casa con un ramo de flores frescas. Cuando me vio se puso tan nervioso que  lo soltó de cuajo para darme un abrazo, y las flores fueron pisoteadas por los dos. Al agacharme a recogerlas, me di un cabezazo con él, y nos caímos de culo. Todo eso me dejó sin humor para lo que viniera y algo de dolor de coco.

Lo siguiente fue llegar al lugar de "la sorpresa" (así lo llamó durante todo el camino). Había siete personas en la cola, todas afiliadas al IMSERSO. Al entrar, descubrimos que se trataba de uno de los garitos más pequeños de la ciudad, y me pregunté dónde estaría el escenario para lo que él llamaba "el espectáculo". Todo se quedó a oscuras y alguno que no era Cayetano trató de jugar a las tinieblas tocando mi cintura y le solté un bolsazo. Una luz se encendió y un sesentón que emanaba olor a vinazo se rascaba la testa. En mitad del chikibar, en el suelo, se abrió una circunferencia con el diámetro de un 47 de pie, y  un hombre vestido de vendedor inmobiliario apareció ante nosotros subiendo desde el subsuelo sobre una pequeña plataforma, cantando Con dinero y sin dinero. Terminado el numerito, con todo el público boquiabierto, cada cual por su tema, un "buenas noches, amigos" se abrió paso a través de una voz que nada tenía que ver con el cantante que acabábamos de oír. 

Comenzó con fuerza, haciendo chuflas de mala calidad a las que el público respondía con risas desesperadas por que se callase. Se marcó un Me gustas mucho, y a continuación nuevas chuflas, y una mención a sus padres, que eran una de las parejas del público y le grababan sin cesar. 

El falso mariachi cantando Me
gustas mucho. Un personaje com-
pletamente opuesto a Cayetano.
Cantaba una nueva de Luis Miguel con voz de macho cabrío, y volvía a las chuflas con su voz enclenque de vendedor de apartamentos. Cantaba Canta y no llores y de nuevo el pájaro carpintero. Cayetano me susurró al oído: "esta me la harás pagar, lo sé". Le miré de arriba a abajo, aterrizando en su risa contenida, y me pareció de pronto el tipo más divertido e interesante del mundo. Tanto fue así que, al terminar el último estruendo, cerré los ojos y puse morritos para que me besara, porque se lo merecía. Cayetano me miró sin entender nada y siguió aplaudiendo al estafador, que había hecho ya doce reverencias y desaparecía de nuevo, tragado por el suelo. 

Los padres del falso artista nos despidieron personalmente cuando salíamos del garito y comencé a reírme sin parar, apoyándome sobre el brazo de Cayetano y sobre su hombro, a ver si se plateaba lo del beso, pero no tuve éxito. Salimos a otros tres antros donde me invitó al bebercio y me daba vueltas en la pista como una peonza al ritmo de la música indie que sonaba y que se sabía de pe a pa. Comencé a estar hasta el gorro. Primero le había dado una oportunidad casi forzada y horrorizada y ahora quería acariciar su pelazo y besar sus morritos sin éxito. Decidí largarme a escondidas, tratando de olvidar su look de misa y las inolvidables rancheras a su lado. 

Al llegar a casa, desinflada, encontré una flor en el felpudo, acompañada de una nota escrita a mano que decía así: "No soy un chico tan fácil, Mina Patuco, pero prueba de nuevo y verás".

8/11/2026

LA FIESTA MONTAÑESA DE EVELYNE WILSON

El lunes por la mañana recibí un misterioso mensaje de texto anónimo que decía:

MINA PATUCO, ESTÁS INVITADA A LA FIESTA MONTAÑESA DE EVELYNE WILSON. NO PUEDES FALTAR. TRAE MAROMOS.

Y a continuación, la dirección de la fiesta en un pueblo llamado Tranca de Petanca en la provincia de Segovia.

Qué intriga, qué pereza, qué abrumador, qué apasionante, pensé, sin descartar que pudiera ser un asesino en serie. Por eso llamé sin pensarlo a mi amigo Frederick y le hice jurar que me acompañaría sin rechistar. Fred es el amigo más alto, friki y fuerte que conozco y además está como un queso, por qué no aprovecharme de la situación, aunque sea altamente maniático y me estuviera pidiendo datos sobre el evento todos los días de toda la semana, pese a jurarle que no los tenía y que solo se trataba de una misteriosa fiesta en la montaña, de alguien que no conocíamos, ¿qué más necesitaba saber?

Pasó a buscarme en su buga impoluto vestido como el Duque de Alba y oliendo a Old Spice brisa marina. “Wow chico, no tengo datos de la fiesta, pero sabemos que es en la montaña y que no es una montería”. “Ah, ¿sí? Los maniáticos somos también previsores” contestó pulsando un botón oculto en el maletero que abría un compartimento de madera de haya con varias prendas almidonadas. “La camiseta de Sugus de Suchard siempre ayuda a hacer amigos” y, como Birly Birloque, pasó de ser Pocholo a convertirse en el Notas del Gran Lebowski.

Fred llegando a la fiesta montado
en otro de los inventos ocultos en su coche

Llegamos a Tranca de Petanca al atardecer y alguien a quien no esperaba ni en sueños salió a recibirnos: Pili Grossa. ¿A ti también te han convocado? Le pregunté inocentemente. Pili soltó una carcajada que hizo que su sujetador se desabrochara, ya que sus pechos cambiaron de situación de golpe. “Puedes llamarme Evelyne” guiñó un ojo y entendí todo de pronto. Pili y los viejos acertijos que conducen a fiestas clandestinas…

Se aproximaron unas ocho personas a ritmo de reggae y vestidas de negro para disgusto de Fred, pues yo también iba de negro y él con una camiseta de un sugus de piña gigante sobre fondo rosa fosforito. Sin embargo, los simpáticos asistentes nos agasajaron con mojitos y agua de Valencia y nos diluimos en su jarana en pocos segundos. Ellos eran mi prima Jarcha, que había llegado en autostop recogida por Kimonos, otro invitado de Pili de origen griego al que acababa de abandonar su mujer; Kimberty y Tato, una divertida pareja de australiana y getafense afincados en Valdemoro; un georgiano servicial que nos rellenaba el bebercio sin pedírselo y su mujer Savana, que ya se encontraba durmiendo la mona; un japonés bailador de jotas y su mujer, llamada Estrella.

La fiesta era autentica alegría. Algunos lugareños trataban de colarse por las ventanas sin éxito, el amigo servicial nos rellenaba las copas y el resto no podíamos para de bailar y canturrear viejos temas del pasado. En un momento dado, Kimberly extrajo un pan redondo del horno y comenzó a pasarlo en volandas de uno a otro como si fuese un disco ardiente a ritmo de twist hasta que, sin querer, Tato tiró mal y con todas sus fuerzas hacia la ventana donde un vecino mirón de más de 80 castañas nos espiaba, recibiendo un bestial panazo abrasador en la cara. Llamamos a la ambulancia del pueblo, que era un carrito con un burro que lo acercó a un hospital de campaña para veraneantes que montaban todos los veranos en la plaza de toros.

Aquello nos provocó bajón y decidimos jugar a beso, atrevimiento, verdad. Evelyne confesó que era Pili Grossa. A Jarcha le tocó morrear al japonés delante de la novia, que le arreó un bolsazo y luego la pidió perdón. Tato se atrevió a hacer el pino en bolas. Kimonos confesó que trabajaba como profe de filosofía en la uni desde que veinte años atrás se colara en una clase haciéndose pasar por profesor, cuando ni siquiera había terminado la scuola secondaria. Kimberly confesó que a veces robaba vestidos caros en la sección de la tercera edad de El Corte Chino, y siguieron las perlas hasta que todos se durmieron como perros apaleados, excepto Pili o Eevelyne, Kimonos, Fred y yo. Entonces, Evelyne puso una mueca picaresca y sacó su mítico gong nepalí. “Pero Pili, que están ya todos durmiendo” le dije. “Son las siete, y de todos modos, puse dormidina en todas las bebidas, incluidas las nuestras, para que cuando caigamos dormidos no tengamos que aguantar las excentricidades del resto” respondió, haciendo un guiño y chascando la lengua como si se le hubiese pegado un tofe al paladar. Fred me envió un mensaje, pese a tenerle a mi lado, que decía “tengo miedo de lo que una mujer tan impresionante pueda hacer con un gong. PD: estas guapa incluso sin dormir”. A parte de sonrojarme, le expliqué en otro mensaje que Pili utilizaba el gong para convocar espíritus y pedir respuestas al más allá. Que un golpe de gong era un sí, y dos, no. Y que, aunque era ella quien daba al gong, lo hacía manejada por la fuerza del espíritu de turno. Vi en la cara de Fred que aquella sencilla explicación no le reconfortaba. 

Pili Grossa poseída por el espíritu
de Richard Channing, dándole al gong
Pili convocó a los espíritus y vimos como daba pequeños saltitos asegurando que había sido el espíritu de Richard Channing, uno de los personajes de Falcon Crest. Luego dijo “estás aquiiiiiiiii” y se tiró al suelo. Nos quedamos en silencio hasta que tomó un cucharón de madera y nos instó a hacerle preguntas. A punto de hacerle la primera, Kimonos se nos adelantó y comenzó a preguntar por su mujer o nueva exesposa. “¿Me sigue queriendo?” Dos golpes “¿Tengo posibilidades de volver con ella?” Dos golpes “¿Me sigue queriendo?” Dos golpes. “¿Alguna vez me quiso?” Dos golpes. “¿Al principio al menos me quería?” Dos golpes. Kimonos hacía pucheros a cada respuesta mientras Pili aseguraba que una fuerza superior de la familia Channing manejaba el músculo de su brazo curtido en aquagym. Pero ahí seguía el griego, hasta que Pili se hartó muchísimo, le dio dos toquecitos de gong en su propia cabeza griega, y le dijo que el espíritu de Richard Channing le estaba diciendo al oído que no se admitían más preguntas sobre su exmujer y que se olvidase de ella, que probablemente ya estaba con otro. Todos estábamos agotados, pero Fred me dijo si le acompañaba a la churrería, solo por combatir a la dormidina, porque es bastante competitivo, y así lo hice. Me confesó que lo había pasado mejor que nunca en su vida aunque desde un punto de vista científico todo aquello del gong, las energías y los espíritus, incluso lo de beso , atrevimiento, verdad, era del todo imposible. Yo me reí con la boca llena de chocolate y una porra a medio masticar. Definitivamente no se enteraba de nada, pero estaba como un queso.

3/08/2026

LA ACERTADA VISITA DE LA SENHORA REGINA PALMER DOS SANTOS

Cuando comienza el buen tiempo, Benito Camelas suele invitarme a su cabaña prefabricada en Fresnadillo de Atapuerca, en la provincia de Turlington Hills. Inauguramos los primeros calores con un bloody Mary de Ahorramás y nos tumbamos en las hamacas de punto de cruz que le teje su madre y que cuelgan de árbol a árbol. 
 Este año, sin embargo, la tranquilidad se disolvió como un Alkaseltzer cuando alguien aporreó la verja del jardín, que para colmo ya estaba abierta. "Es la senhora Palmer dos Santos, de nombre Regina" exclamó Ben, y antes de que yo pudiera preguntar a qué venía esa pronunciación excesivamente portuguesa, una mujer centenaria pero fuerte como un roble y coja como un balancín se encontraba ante nosotros, armada con unos mom jeans del 82, guantes de jardinería y corte de pelo como un marine. "Benito, filho" dijo en portuñol "¿Me jecuejdas?" y Benny no pudo disimular: claro que la recordaba. "Eu te podo o árbol y tu pagash a mí sien eurosh". Comprobé que Benny es bastante flojo con las viejas o tal vez muy buena persona, porque aceptó. Entonces, Regina Palmer dos Santos Ribeiro se metió en el cobertizo como Pedro por su casa y sacó la escalera de cinco metros y la cargó, rechazando nuestra ayuda, con su cadera dislocada, cojeando, hasta el árbol a podar, y se las ingenió para subir el descompensado cuerpo hasta arriba y ponerse a talar con un hacha de mano. 

Ben y yo comiendo palomitas mientras observábamos
a la Senhora Palmer dos Santos hacer malabarismos en lo
alto de la escalera
Solo dos minutos más tarde paró de lleno y sacó una cerveza que aparentemente debió estar en el bolsillo de su pantaca Lois, bebió media lata y con la otra mano sacó el móvil. Ben y yo observábamos tumbados en las hamacas de Woodstock 69, "como se caiga", "no lo hará", "¿cómo lo sabes?", "siempre es así", "¿la conoces?", "viene cada año. Necesita la pasta", "¿cuántos años tiene?", "ciento veinte mínimo", "¿por qué es coja?", "Se cayó de una escalera podando un árbol". Me llevé las manos a las rodajas de pepino que me había puesto en la cara. "Pero, ¿no la ves con la cerveza y el móvil? Se va a caer" "No le gusta trabajar" "Pero, ¿qué demonios está haciendo con el aparato?". Entonces, Benny recibió un mensaje, miró el móvil, soltó una risa contenida y me mostró: "Benito, soy Regina, asércate a falar con mego que me aburro". Antes de dar mi opinión, Ben se había colocado de un salto junto a la escalera y estaba "falando" con su podadora sobre el partido del atleti del domingo pasado. Ella hablaba lenta y tranquilamente, bebía sorbos de cerveza, aún manejaba el móvil con la otra mano y el hacha había quedado anclada en una de las ramas del árbol. 

La Senhora Regina Palmer dos Santos Ribeiro recién 
rescatada de lo alto de la escalera

En cierto momento Ben le dijo que bajara a tumbarse en su hamaca, porque no podía dejar que una mujer de su edad estuviese haciendo ciertos trabajos. Entonces él cogió el hacha y cortó todas las ramas sobrantes y algunas más con su musculosa anatomía de deshollinador. Observé a aquella anciana contrahecha que sin duda había desempeñado de forma real aquel duro trabajo durante muchos años y pensé en la suerte que tenía de tener a Ben entre sus clientes. "Mi melhor cliente" me dijo rematando la segunda cerveza. Eso pensé yo. La suerte que tenía la muy pájara y la que tenía yo, tumbada en aquella hamaca que la madre de Ben había tejido para todos nosotros. Sin embargo, cuando aquel amasijo de músculos terminó la faena, se acercó sudoroso a nosotras, nos miró casi por igual, y sentenció: "no puedo tener más suerte".

1/14/2026

La última performance de Pili Grossa

Hace unas semanas mi prima Pili Grossa compró una camisa hipster en una tienda de segunda mano y primera calidad en Almagro, Ciudad Real. El hombre de la tienda le aseguró que había pertenecido a su abuelo, y de ahí la etiqueta vintage. La convenció, y el primer día que se la puso observó que la gente la rehuía. Descubrimos que los sobacos de la camisa olían a rayo cósmico, más bien a sobaco de hace setenta años. La lavó con Norit, Ariel, Ecogel, Kalia, lejía y gasolina, pero el olor era más resistente que Putin, y decidió cortar ambas áreas sobaquiles en redondo. La camisa era lo más y se negaba a renunciar a ella. Y menos cuando había pagado 120 euros por la pieza. 

Pili Grossa con su camisa
demodé, marcando tendencia
Quedaron dos agujeros enormes que dejaban sus delicadas axilas al aire y le daban una libertad desconocida hasta entonces. Como está de moda el matojo, optó por dejar de depilarse aprovechando el espacio bajo el ala y aquellas matas sobresaliendo al ritmo al que se movían sus brazos comenzaron a crear tendencia y ahora tienen más que protagonismo en la noche de Malasaña y Lavapiés. Camisas recortadas con cabelleras sobresaliendo por todas partes. La gente no sabe de dónde ha salido la idea, algunos se la atribuyen, cuentan historias en redes... pero la realidad os la acabo de contar. Pili Grossa siempre marca tendencia.

9/17/2024

Mentiras arriesgadas o el retorno al pueblo de Pili Grossa

Ayer, mientras nos hacíamos la pedicura mutuamente, mi prima Pili Grossa filosofaba sobre el peligro de las mentiras, aun cuando son bienintencionadas. "Sin ir más lejos", me decía, "un vendedor de artilugios de cocina a domicilio con el que había flirteado me llamó después de ocho meses de venderme un cortacanapés eléctrico, y me ofreció una cita de 4 de la tarde a 10 de la noche."
Pili ni siquiera recordaba su rostro "solo algunas pecas traviesas", me dijo, y el hecho de que andaba liada con un polémico crítico cultural le hizo pensarse si quedar con él o no. "Como seis horas me parecían too much, le dije que lo ajustábamos a treinta minutens porque estaba viviendo ahora con mi tía Reme, la del pueblo. En el propio pueblo. Aunque tú y yo sabemos que nunca he salido de esta ciudad". Le propuso quedar a tomar una horchata junto a la estación de autobuses (que Pili no había utilizado en la vida) para volverse luego al pueblo que no existía. A cuidar a la Reme. Que tampoco. 
La conversación en torno a estas trolas se desarrolló de la siguiente manera:

Pili y el vendedor de utensilios durante la conversación en torno
a las trolas, donde Pili se cambia de modelo y peluca varias veces
Vendedor: Te llevaré luego al pueblo.
Pili: No, si está lejísimos.
Vendedor: No tengo nada que hacer.
Pili: Yo sí. Acostar a mi tía.
Vendedor: La acostamos juntos.
Pili: Debo ir en bus.
Vendedor: Soy tu chófer.
Pili: (en el pensamiento: tú lo flipas) Debo usar el abono, que caduca.
Vendedor: Lo renovamos.
Pili: Una horchata y ya otro día, si eso.
Vendedor: Como veas.
Pili: Cristalino como el agua. Media horita.
Vendedor: Ya veremos...
Se encontraron en la horchatería. El tipo casi se cae de culo al ver su bronceado y Pili se llevó una grata sorpresa. Era fornido y decía disparates sin parar, justamente su tipo. Hicieron gárgaras y se metieron pajitas por las narices al estilo gilipollas, practicaron el moonwalker recordando la infancia y hasta hicieron el "ay que sí, que no, que síiiiii" al ir a darle el dinero al camarero por las horchatas.
Por principios y más bien por ocultar su trola inicial, Pili se despidió fastidiosa para irse al bus. Él insistió con lo de llevarla al pueblo, pero ella, que no. (¡A dónde iba a llevarla!) "Pues te acompaño al autobús". Pili dudó si confesar que no había ni pueblo ni tía, pero su orgullo la hizo continuar hacia la plataforma cuatro, por decantarse por una. 
Paco y Pili, despidiéndose de modo informal
en la Estación de Autobuses de Moncloa

El cielete vendedor no se le despegaba "¿Es ese?", la preguntó, y ella asintió sin más. VILLAMANRIQUE DE TAJO. "Ese es, tú vete, que ya me subo yo". "Quiero decirte adiós y verte ir. Es romántico". Tenía una sonrisa encantadora, por algo le compró el cortacanapés en su día, que era un churro. 
Pili quería volver a verle, así que  siguió con el teatro por no quedar mal y tuvo que subirse al bus hacia Villamanrique, pagar cinco con diez, y ponerse en la ventana para que Paco la viese bien. 
El bus arrancó y ella mantenía una sonrisa de Gioconda que encerraba tacos muy fuertes y preguntas como "¿qué cojones hago aquí? o ¿Seré gilip...?"

5/24/2024

El galán de noche

 Hace pocos días Darío Pinneaple hizo una reseña apoteósica sobre una película titulada El galán de noche que me dejó entre hacerme acordeonista callejera o ver la peli chutada de calmantes y escondida detrás del sofá. Le telefoneé de inmediato, y estas son las frescas que intercambiamos:

-Darío, soy Mina.

-¿De lápiz?

-Siempre haces la misma gracia.

-Hola, mamuasel.

-He visto tu reseña.

-¿Por la calle? ¿La saludaste?

Silencio de mi parte, risitas comprimidas por parte de Darío.

-Me dejas de piedra. ¿Es tan chunga?

-Yo no he dicho eso. He dicho que deseaba que acabase desde el minuto 28, lo cual es en realidad lo mejor que podría ofrecer una película, hacía siglos que ninguna peli me producía emoción alguna.

-Ya... pero la emoción no era buena.

-Es la mejor película del mundo precisamente por eso, al menos sentí algo. Es diferente a todas. Me tenía absorbido y aterrado, me produjo picor en la nariz y en el bajo vientre.

-No sé cómo interpretar eso. No la veo, que paso miedo. 

-No es de miedo, solo desconcierto y sensación de carraspera. 

-Que no me la veo.

-Es más bien una peli angustiosa con poderes hipnóticos, te replanteas tu vida y la del vecino del quinto en cuanto acaba.

-Darío, basta. Quiero ir a ver la peli de los Planetas, si eso.

-Ni muerto me metes a esa. Yo recomiendo ver El galán de noche. Es lo mejor que he visto en el cine.

-¡Pero si la has visto en tu casa!

-Mejor me lo pones. El hecho de no tener galán de noche y contrastar mi casa con la de la peli, ese vacío junto a mi cama, llega a provocarme alucinaciones y me pregunto cómo he sobrevivido hasta ahora sin tener un lugar donde exponer mi ropa, usada o elegida para el día siguiente. Además, desde que la he visto, metabolizo mejor los guisantes. 

-Mira, tío, no me gustan los galanes de noche, mi abuelo tenía uno y una vez lo metió en la cama con mi abuela para que pensase que seguía ahí mientras visitaba a la del tercero...

-Se han tratado temas parecidos, pero nunca el suceso inhóspito de El galán de noche. Es una cinta con la que llegas a sentir lo que podría pasarte sin que te pase nunca nada. Es que no te puedo contar más, que te desvelo la cosa en sí, que es lo más eso que nunca tal.

-Creo que voy a escribir sobre esto, Darío, empiezas a darme miedo. 

-Si eres honesta contigo misma, deberías ver la peli primero. Y por supuesto, te prohíbo que me cites en tu escrito. Si quieres una cita, eso es otra cosa. Podemos quedar para ver la peli. Solo tienes que verla, aunque no quiero estar relacionado si te causa un trauma de por vida, Eres tan maja, que sería una pena...

-Pero, ¿cómo puedes ser tan plasta?

-¡Pero si me has preguntado tú! No voy diciéndole a todo el mundo que es un filme agónico inexplicable, mucho menos que la vean si no están preparados. Hay casos de gente que ha muerto viendo un filme.

-Claro, Boris Vian, sin ir más lejos. Hicieron una peli sobre su libro Escupiré sobre vuestras tumbas sin tener en cuenta su parecer, y el pobre la cascó viendo proyectada aquella bazofia. ¡Y yo nunca veré El galán de noche, Pineapple, me niego absolutamente!

Darío Pinneaple esperando junto al Kebap,
haciendo alarde del título de su nuevo filme favorito
-Nadie debería cerrarse a sentir, y eso es lo que haces, Mina, cerrarte a abrir esa puerta que te ofrece El galán de noche y ver qué pasa. Puede que todo siga igual, puede que te conviertas en una ortiga, que te salgan pezuñas, o que no puedas volver a pegar ojo hasta los sesenta y tres. Ahí está la gracia

-Lo más parecido a un galán de noche que conozco eres tú, Darío, ya tengo bastante con eso. Creo que te debo una pizza o un kebap. Déjate de rollos.

Quedamos en la pizzería-kebap de la esquina y lo único que pudo frenar la incontinencia verbal de aquel auténtico galán de noche fue un atragantamiento y el rapapolvo de la trabajadora del SAMUR, que le recomendó no hablar al comer, ni siquiera sobre aquella película de culto que también ella conocía.



3/22/2024

Cartelera cultural: El largo viaje a Bordó

Título: El largo viaje a Bordó
Género: Histeria
Duración: el largo viaje
Director: Jesús Calleja
Idioma: español con subtítulos cuando habla gente local
Reparto: El mismo elenco que en La Casa de Papel
Banda sonora: Day tripper
Productora: S-ALSA

Rhonda y Klaus se conocen en la performance de un famoso performer y terminan performando juntos en una cama de 1'90. El encuentro los sume en una nebulosa de enamoramiento y se lanzan a ir de viaje a Burdeos en el puente de la Almudena. Sin embargo, Klaus pone una difícil condición: pronunciar Bordeaux como los franceses, es decir, "Bordó". Este duro reto no lo consiguen hasta el puente de mayo, porque Rhonda tiene dificultades con los idiomas y Klaus tiene frenillo en la lengua. 

El 1 de mayo a las 7 de la mañana cogen un autobús a Donosti que llega a su destino a las 8 de la tarde, después de parar en todas las gasolineras, pueblos y capitales de provincia del país. Rhonda está desfallecida pero Klaus la anima diciendo que quedan solo tres horas de camino y que a las 11 de la noche estarán performando en su apartahotel de Bordó. 

Rhonda y Klaus, en el primer área de servicio
a 1 km de San Sebastián, ignorantes de lo que se
les venía encima

La ilusión se desvanece cuando suben al nuevo autocar y descubren pegatinas del mundial 82 aún pegadas en las ventanas, asientos rajados de hace cien años, y olor máximo a humanidad. La carraca parte de la estación de autobuses y kilómetro y medio más allá se detiene a repostar en un área de servicio. "ARRETE" dice el conductor tan contento, indicando que se bajen todos a cenar. Los pasajeros bajan sin dar crédito y abren las tarteras a regañadientes. Dos hipsters pamplonicas se acercan a los protagonistas para felicitarles por su atractivo y confiesan que se apearán en Bayona. Klaus se  burla preguntándoles por qué no han ido directamente desde Pamplona, y ellos tienen que confesar que haciendo aquel cambio en Donosti ahorraban 7 euros. Rhonda pellizca a Klaus en la nariz por su arrogancia y su relación peligra durante unos minutos de película, hasta que vuelven al autobús y se reconcilian, acurrucándose entre niños que berrean y abuelas que reparten cuscús. 

Al rato, el autobús hace parada en un pueblo vascofrancés, Rillete de Goritzia, donde queda atascado en una callejuela del casco urbano. Varios tipos con chapela francesa salen a reconducir el vehículo, desmontando a pelo, para ello, parte de la carcasa delantera de 1986, que se queda de recuerdo en el pueblo. Tan campante, el bus destartalado parte de nuevo, para llegar a las dos de la madrugada a Bayona. Varias personas aplauden y los navarros bajan desesperados y besan el suelo, como el Papa. Klaus aún es capaz de soltarles alguna mofa por torpes y uno de los hipsters se venga, gritándole "hemos dicho antes que erais atractivos, pero la verdad es que solo lo es ella". Klaus se queda descompuesto y deja que Rhonda le consuele prometiéndole performances novedosas a su llegada a Bordó.

Rhonda y Klaus, aterrorizados en el
autobús del infierno,  pintados con acuarela
por el pasajero de delante
Cuando parece que ya solo queda ponerle música a un final redondo, el conductor del bus es incapaz de salir de Bayona, y vaga por sus calles tratando de encontrar la salida, generándose una nueva escena terrorífica: tira por un sendero que se estrecha y el bus vuelve a quedar atrapado en mitad de un enorme y frondoso bosque francés. Una mujer libanesa llama a sus papás para despedirse, dos hombres tratan de cargarse al conductor, los bebés -hay varios- vomitan al mismo tiempo. Rhonda y Klaus solo le dan al amor. Varias pasajeras vascuences bajan a resolver el tema, y acaban desmontando la carcasa trasera, lo que les da una nueva oportunidad de salir de allí. 

La escena final es la de un autobús con el aspecto de un amasijo de hierros llegando a Bordó a las siete de la mañana, lleno de gente deshidratada y en pánico. En los créditos finales, escenas de los navarros enrollándose en los parques de Bayona, Rhonda y Klaus teniendo un accidente de bicicletas de alquiler y performando incansablemente, la chica libanesa discutiendo con su anciano padre, el conductor siendo llevado con camisa de fuerza por las autoridades, y los protagonistas de nuevo volviendo, esta vez en avión, a la capital.

Tierna, aterradora, cansina, deshidratante y malolinete, esta película de género fluido podría quitarle la vida a cualquier enfermo del corazón.

3/09/2024

La cita circular con Stuart Wilson, el queso irlandés

Stuart, el queso irlandés, en COU
 Hace unas semanas contacté con Stuart Wilson. Mi prima Pili Grossa me dijo que había vuelto al país para dedicarse a criar ovejas y que estaba viviendo en Almagro, Ciudad Real. Stuart se puso contentísimo con mi llamada y me pidió que fuera a pasar el día al campo con él porque no podía dejar solas a sus ovejas. Claramente aquello era una cita porque, desde que vino a estudiar COU de intercambio hace veinte años, siempre nos habíamos gustado.

Me acicalé como nunca, recordando que le llamábamos "el queso irlandés" porque era apuesto y pelirrojo, aunque ambos adjetivos en principio sean opuestos, y me subí al tren de la mañana. El AVE iba lleno de gente dando palmas y armando barullo pero, al bajar en Ciudad Real, no había un alma ni una voz. Solo un tipo barbudo y cascado en un banco, con una enorme sudadera y pantalón de pana que no pegaban ni con cola. Al verme, dio un salto hasta mí. "¡Mina, Mina, Mina!" Pues parecía que era él, y me achuchó con desesperación. Me montó en una vieja vespino para irnos a sus tierras en Almagro, sin cascos ni nada, y, mientras me mantenía abrazada a él, busqué como loca en su cabellera castaña y canosa algún resquicio de pelo rojo, o alguna peca en su piel madura. Ni rastro. Solo su naricilla respingona me daba la pista de que era Stuart Wilson, el queso irlandés. 

Stuart en 2024, en la estación
de Ciudad Real

Después de una hora de paseo con sus ovejitas, que a penas nos permitían avanzar porque Stu les daba "chuches para perros" a cada paso, y ellas se lo sabían, nos fuimos a tomar algo a la plaza del pueblo. Mientras me contaba teorías sobre engordar a las merinas para sacar más lana, yo seguía buscando al viejo joven Stu entre la barba y el atuendo, y me daba cuenta de que oírle hablar me daba dolor de cabeza. Me agobié pensando que no tenía escapatoria y, sin saber cómo, me puse el móvil en el regazo y le envié este mensaje: 

ESTOY CON UNA CITA EN TU PUEBLO. RESCÁTAME. 

Al segundo se oyó un pitidito en su móvil y paró el monólogo, girándose para mirar disimuladamente y leer el mensaje que yo acababa de mandarle. "Me vas a perdonar, Mina, pero tengo que ir a socorrer a una amiga que está en apuros. Gracias por venir". Y se largó con viento fresco en su moto de pacotilla. Yo tuve el descaro de decirme en alto "qué sinvergüenza".


Al rato llegó él de nuevo, peinado para atrás, con la barba recortada y oliendo a jabón de Marsella, con otro atuendo más atinado. Abrió los brazos, nos besamos y me preguntó qué hacía allí. "No sabes bien, he quedado con un antiguo compi de instituto, uno que vino de intercambio. Desmejorado a tope, no callaba, y ahora le ha dado por ser pastor..." Comenzamos a recordar los tiempos del instituto y me llevó a un parque muy bonito y me contó que iba a clases de claqué. Trató de hacerme un pasito allí mismo, y al repiquetear los pies contra el suelo, se hizo un lío y se cayó de bruces. Tuve que levantarle con ayuda de dos mujeres de Cáritas que estaban con la hucha. Aquello fue demasiado y no me quedó otra que ponerle otro mensaje de socorro. Él lo miró a escondidas y se largó de nuevo para volver vestido de escalador, con bigote. Le conté todo lo ocurrido y me llevó al monte, donde me enseñó a hacer los nudos de escalada más importantes y cómo ponerme los pies de gato. A la media hora me dolía la cabeza con tanta teoría e hice de nuevo la jugada. Y otra. Y otra más. Él apareció vestido de hombre de negocios, en otra ocasión me presentó a su abuela, y en otra se plantó allí con un autocar lleno de jubilados. Consiguió aburrirme todas las veces y al final tuve que llamar al panadero de debajo de casa y decirle que me sacara de Almagro y de la provincia de Ciudad Real. Aquella cita circular me afectó seriamente porque el Stu de mis sueños era claramente el de mis sueños, y aquel Stu y todas sus versiones, no. Y el panadero, aunque se lo curró aquel día, tampoco. 

Stu, en su última versión,
como conductor de autocares Julià

2/29/2024

La misteriosa postal de Samantha Fox



 El otro día recordé con emoción que tengo un buzón para el correo, y fui directa a abrirlo impacientemente. Tenía la corazonada de que podría encontrar algo más interesante que publicidad de audífonos o de croquetas rellenas de pizza. Y la verdad es que me llevé varias sorpresas. 

La carísima muestra de crema
"Cutis de Ángel"
Por un lado, había unas muestras de crema milagrosa "Cutis de ángel" (emplearé otro post para relatar las consecuencias de impregnar tu piel con algo que tiene el aspecto de caca de ave). También había una factura del teléfono fijo, de 2017, que ha quedado súper vintage enmarcado en la pared de la entrada. Por último, me esperaba una postal muy atrevida de Samantha Fox en 1986, pero no dirigida a mí, si no a un tal Archie Lemur, de parte de Troy Williams, de Clevaland, Ohio. La carta me subió de veras los colores y decía así: 

Querido Archie, 

hace tiempo que no sueltas prenda sobre tu vida, me pregunto qué haces, viejo zorro, en esa ciudad mexicana que has elegido para vivir, Madrid. 

Troy y Susan junto a la cabaña,
después de haber inhalado helio,
hablando como Alvin y las Ardillas
(en la foto no se aprecian las voces)

Te escribo desde Rocky Creek, donde una mujer muy ardiente me ha traído a pasar unos días. Te confieso que me metí en una de esas aplicaciones de citas sin ninguna esperanza, con esta edad que tenemos, mi calvicie, la sordera y mis problemas de próstata. Pero hicimos match y nos encontramos en el parking del Mall de mi pueblo. Desde entonces, nada la ha detenido. Tiene solo cinco años menos que yo, pero la energía de todas las jovencitas que suman su edad (tres de veinticinco). Me lleva a hacer actividades sin descanso y he vuelto a tener agujetas por todo el cuerpo. Ahora me tiene aquí, desde el viernes pasado, en su cabaña de Rocky Creek, y hemos hecho cosas que pensé que no volvería a hacer en esta vida (inhalar helio, fumarnos un canuto y ya sabes qué... ¡Sí, ya lo sabes, viejo zorro amigo mío!)

Espero que me libere para participar en el campeonato de brisca canadiense del pueblo y encontrarme allí contigo si te animas a cruzar el charco para la ocasión. También está clarísimo que puedo morir entre tanto mambo number five, pero si muero, lo haré con una fina sonrisa de felicidad. 

Te quiere, 

Troy

Creo que la postal es de hace tiempo. No tengo ni idea de cómo llegó a parar en mi buzón, pero es lo más auténtico que ha caído en mis manos últimamente, entre tanta enajenación digital. Estoy tentada de escribir a Troy para curiosear, pero el panadero de abajo opina que no debo entrometerme. 

1/31/2024

Llamada alarmante

-¡Mina, hoy es su cumpleaños!

Era China Town, a las tres de la mañana, llamando a mi casa, ronca perdida.

-¿Te das cuenta de la hora que es? ¡Me has arruinado la fase REM del sueño!

-Déjate de excentricidades, Mina.

-¿Te refieres a Gavilán Palomo?  - ¿De qué sabía ella que era el cumpleaños de Loreto Tinoco, aquella mujer de más de 50 que se coló en unos cursillos para menores de 20 en Mirroque de Mar hace mil veranos?

-Bueno, resulta que es funcionaria de Hacienda y un tío muy bueno que he conocido esta noche trabaja con ella. ¿Sabes cuántos cumple?

En mi cabeza aparecieron cientos de cálculos que solo consiguieron volverme loca.

-Verás, para calcular la edad de alguien que es bisnieta de Tutan Kamón, sobrina nieta de Abraham, abuela sexta de Teresa Rabal, hermana del escudero del Cid Campeador, alguien que es la Piedra Roseta, la dama de Elche, un pirulí de la Habana en 1945, la creadora de la Torre Eiffel, un ladrillo del Taj Mahal, los restos del Arca de Noé, pollo asado de hace dos semanas, mayonesa pasada, pasas de California, castañas pilongas…

-¡Basta de fábulas, Mina! ¿Quién eres, Rabindranath Tagore? – Me paró los pies, agotada de oírme-. ¡Esa pájara cumple cuarenta!

La joven Loreto en
Mirroque de Mar en 1999
La mandíbula se me desencajó y reconozco que dejé escapar un cacareo, crié ojeras y perdí un mechoncito de pelo. Gavilán Palomo tenía solo algún año más que nosotras en 1999? ¿Pero es que no tenía 53 entonces?¿Tenía solo 23? Se me agolparon recuerdos y preguntas del por qué de sus canas, de su nariz de boniato old style, sus expresiones de abuela, sus pechos desinflados hasta el ombligo, aquellas gafas decimonónicas, la ropa del siglo XVIII, las piezas de quita y pon de su dentadura, sus pies con garras…era imposible ver ningún atisbo de juventud, o más bien no reconocer en ella a LA YAYA.


-Estate tranquila, Mina. Piensa que, con que se haya quedado como estaba, seguirá pareciendo tener 80 años más que nosotras. Mi amiguito asegura que han querido jubilarla varias veces y es solo el carnet de identidad lo que se lo ha impedido-. Tengo que dejarte, reina...

China cortó, absorbida por una aventura de veinticuatro horas, claramente. De pronto me sentí aliviada. Imaginaba a la vieja Gavilán tratando de multar a todas las personas a las que atendía en Hacienda bajo su voz de pájaro carpintero afónico y su sabiduría sumeria, inventada por ella misma. Mi cumpleaños también se aproximaba y me dejé llevar por la superficialidad tranquilizadora de saber que hay personas que parecen mucho más viejas de lo que son. 

8/31/2023

La dentadura estival de Agatha Christie

Nativos de Mirroque peleando por llevar mis maletas
Hace unos días estuve a Mirroque de Mar, donde pude volver a sudar como un pollo almidonado y bañarme en agua caldosa como sopa de ese mismísimo pollo. Qué agradable sensación volver allí, lejos de mi rutina como negra literaria a tiempo parcial. Llegué en el autobús de la mañana y varios jóvenes nativos se abalanzaron a ayudarme con la maleta, haciéndome sentir como si tuviese quince años menos. En seguida descubrí que se trataba de simples taxistas del pueblo que querían sacarme la pasta. Eché a rodar cuesta abajo a pie, camino de la pensión Mimbrerroque II, en cuarta línea de playa. Iba tan asfixiada por el camino que algunos pequeños gritaban desde sus frescos balcones: "¡Un pollastre andando al caloret!" 

Llegué a la pensión, dejé la bolsa sobre la cama de mimbre y bajé a refrescarme al patio-bar, donde una mujer bella, mayor, teñida y algo pícara, parecía esperarme providencialmente. "Aló" susurró, echando humo de un pitillo allongé. "Soy Mina" le dije, "¿Mina Patuco?" respondió. Asentí y arqueó las cejas, yo mostré sorpresa y ella suspicacia, luego yo curiosidad y a continuación, ella misterio. "¡Déja ya el diálogo facial, por Dios!" la espeté, "¿se puede saber quién eres?" "Me llamo Agatha Christie" Por supuesto, Agatha mentía. Como mucho, se llamaba Asun, pero no la quise contrariar.


En tan solo varias horas de la tarde, me habló de su vida de artista no definida, y de cómo había llegado hasta Mirroque, tratando de sacar adelante un gran proyecto. "¿Cuál?" le pregunté, y me contestó que no podía explicarlo, dadas las dimensiones del mismo. "Es tan grande, que no se puede expresar con palabras". El misterio la rodeaba, pero era divertida y cada vez que yo soltaba una gracia se tapaba la boca como una japonesa, como si practicase una timidez que os aseguro no ejercía de ninguna otra forma. "Soy la reencarnación de Patti Smith" me dijo. "Pero si está viva" le aclaré. Y se tronchaba de nuevo a la japonesa.

El vendedor de sandías
vasco despidiéndose con
un acalorado agur
Aturdida por tanta conversación me fui hacia la playa. Por el camino, compré media sandía a un nativo, solo porque era el tipo más atractivo que había visto en mi vida y le habría comprado chocolate caliente a cuarenta grados si me lo hubiese ofrecido. "No te engañes" susurró una voz a mi lado que reconocí casi enseguida. Era Agatha Christie, a la que había dejado hacía diez minutos en el hostal. Su cara hipermaquillada me desató el hipo. "Ese chico parece nativo, pero es solo uno de esos vascos que vienen buscando el caloret". Volvió a reír traviesamente y a taparse la boca a su modo japonesil. Al alejarnos, miré de nuevo al vasco, tratando de encontrar alguna pista que confirmara aquella información, y ciertamente aquellas cejas y su enorme nariz, así como un bucólico "agur" lo hicieron ipso facto. 



Agatha después de ser
abofeteada por una ola
Llegamos a la playa con la sandía, y Agatha tardó cinco segundos en quedarse en monokini y hacerme ver que las mujeres, a los 45, aún tienen cuerpos atractivos. Yo parecía una ternera blanca y blanda a su lado, así que corrí a esconderme en el mar, seguida de la artista pureta. "Podemos jugar a Marco Polo pero con mi nombre" me dijo. Aquello fue el colmo del descaro, pero acepté y pasamos la siguiente media hora con el "¡Agatha!" "¡Christie!" a ojos cerrados, a lo cucú-tras acuático, hasta que pude capturarla. Entonces, volvió a mondarse de risa, esta vez sin darle tiempo a taparse la boca porque una olaza le abofeteó la cara. Al reponerse y hablarme de pronto sobre el nuevo alcalde de Mirroque , algo en ella había cambiado.  No vocalizaba bien y descubrí que tenía varios huecos en la boca donde antes había dientes. "¡Ay, su padre, que el mar se ha llevado mis puentes!" Nos lanzamos como locas a la búsqueda de las piezas dentales, con mucho más ahínco que jugando al Marco Polo de Agatha Christie, pero sin ningún éxito. Luego le volvió la carcajada como un calambre y me dijo que su gran proyecto le cubriría aquello y mucho más, dejándome mucho más tranquila. Era fácil estar tranquila con Agatha al lado, al tiempo que era absolutamente imposible creer una sola palabra de las que salían de su sensual e incompleta boca de artista.

6/28/2023

La Perla más fuerte del mundo

Hace no más de un siglo pero sí menos de un lustro conocí, en Mirroque de Mar, a la mujer más fuerte del mundo. Era una figura colosal aunque espigada, rígida aunque tierna como un pan bimbo. A veces se echaba la mano a la frente haciendo visera y aumentaba la visión hasta varias casas más allá gracias a unos rayos cósmicos que disparaban sus ojillos verde aceituna y, si en una de esas veía a quien le parecía suficiente, gritaba: "¡perla!"

Baltasar sentado en la mecedora,
haciendo un descanso
de camino a la playa

 
Había establecido su fuerte en el porche de la casa de la playa de ciertas personas a las que había hipnotizado hacía tiempo -con esos mismos rayos cósmicos- y que la adoraban, porque les cocinaba lentejas y vainas con patatas con una frecuencia inusitada. Comía aceitunas sentada en la mecedora del porche, con una batita de flores, y comentaba la jugada de los que pasaban por allí. "Cándida, tu nieto se ha puesto de buen año", "Baltasar, que se te cae la sombrilla, ¡ay, Baltasar!, si al menos fuese ese tu verdadero nombre..."

Iba a la peluquería y se pintaba la raya antes de acostarse  porque decía que en sus sueños podía aparecer cualquiera y que a ella no iban a pillarla ni por esas. Lo mismo te gruñía que te echaba un piropo, y contaba las historias que le daba la gana sin dejar que le pudieras cortar ni media palabra. Esta vez no eran los rayos cósmicos. Es que era realmente graciosa. 

Un buen día comenzó a levitar. Al principio lo hacía sutilmente, cuando nadie la veía. Luego, algunos de sus compañeros del club de encurtidos, donde solía pasar los días previos al verano, la descubrían pegando pequeños patinazos en las alturas, y ella argumentaba que una de sus finas y fuertes piernas le dolía, y que aquello le divertía y le aliviaba el trago. Hasta que hace unos días, recién despertada, su compañera de celda la vio desdoblarse y salir disparada, dejando una nota junto a su cuerpo dormido, perfectamente peinado y maquillado. "Os dejo aquí mi armadura", decía la nota, "que ya me estaba pesando para llegar a donde quiero".

La Perla más fuerte del mundo
utilizando sus rayos, pintada por Cándida

Todas las perlas que la rodeaban sintieron un pequeño vacío, aunque menos de lo esperado, de tanto que las había llenado.

5/02/2023

Reunión de fenómenos para anormales

 Mi compañero de la agencia de artistas en la que trabajo, Ricky Tostas, arrastró hasta mí, ayer, un papel en el que ponía lo siguiente:

ESTA TARDE - SOLO PARA AMANTES DEL MISTERIO - TERTULIA - SÓTANO DE LA VIEJA FÁBRICA DE SOBRASADA - 20 HORAS

Al mirar esas gafas empañadas (en la oficina, el calor se hace vaho), uno de sus ojos me hizo un guiño que vino acompañado de un chasquido de lengua. Aquello no me lo podía perder.

A las 20.45 llegué a la fábrica de sobrasada castellana, que no era más que un local pequeño y deteriorado con olor a pimentón, una puerta condenada y un ventanuco aledaño con un pequeño cartel donde rezaba: ENTRA POR AQUÍ. YA.

Orestes levitando para poder entrar por el
ventanuco lateral de la vieja fábrica de sobrasada

Al entrar a duras penas y bajar por una escalera de caracol cutrefacta, llegué al sótano, abierto a una terraza refrescante donde 5 personajes estaban como petrificados. "Te esperábamos" Dijo Quim Antúnez, el conductor de la sesión. Le acompañaban Orestes Miau, el propio Ricky Tostas (pero como más serio de lo habitual), Lisa Rizos, actriz y amante de lo paranormal, comenzando por su propio nombre, y Carmela Ontinyent, camarera y ajedrecista a partes iguales.

Quise romper el silencio con un chascarrillo: "Fábrica de sobrasada... ¡los espíritus estarán coloraos!" y me reí porque sí. Lisa me atajó enseguida: "No es casualidad que llegues tarde. Esta mañana me fijé en un reloj de pulsera en el que hacía años que no reparaba". Aquella reflexión sin pies ni cabeza me dejó seca, pero no era más que el aperitivo de una velada crucial.

Quim nos presentó a todos como si nos estuvieran viendo los espectadores desde casa y contó velozmente que estaba seguro de que en el armario de la ropa de la plancha de casa de su abuela vivía el conserje del edificio de al lado, y que conseguía llegar allí teletransportándose cada noche. 

Orestes expuso que a los 11 años unos muñecos de Lego comenzaron a atacarle cuando dormía, y lo contaba de una forma pausada e intrigante, llegando a tomarse minutos en sorber agua de su vaso, para que, con las miradas, le rogáramos que continuase. 

Carmela aseguró que en una partida de ajedrez de Kasparov que echaron en el canal nostalgia, se veía una sombra dictándole movimientos, y que, si subías el volumen al 7, se oía "le vas a machacar", mientras que si lo bajabas al 2, se percibía la receta del pez mantequilla.

Lisa amenazó: "lo que tendría que contaros no lo cuento porque el gato que hay en ese patio podría oírlo y morir de la impresión". Hubo como exclamaciones de todos.

Mi compi Ricky, que es bastante reservado en cuanto a su vida privada, confesó que cuando era pequeño, guardaba una foto de Sara Montiel debajo de la almohada y que una noche la Sara de la foto comenzó a ponerle morritos y a tirarle besos.

Me sentí abrumada por aquel río de fenómenos, unos más paranormales que otros, pero todos ellos sin pies ni cabeza; sin duda, asombrosos. Al acercarse mi turno, corrí a buscar lo más paranormal que me había ocurrido últimamente. Parecía que hacían bulla solo para darme tiempo, haciendo preguntas a Ricky sobre si se había fumado un canuto antes de lo de la foto. Agobiada, como sin salida, les solté que he crecido tres centímetros en los últimos dos años, bien entrada en la treintena, como estoy. Se quedaron atónitos, patidifusos, puede que daltónicos, incluso. Orestes se tapó la boca alucinado y se le escapó una risita alucinógena. 

Me lo acababa de inventar pero podía ser cierto, porque no me había medido en años. Se pusieron a debatir si aquello podía ser cosa de algún contacto con extraterrestres o  por manipular abonos para plantas. Me entró un hambre de lobos y deslicé mis manos entre unos canapés de sobrasada que había en una mesita, al tiempo que me daba cuenta de que la cosa traía cola y de que aquel sería el primero de muchos encuentros para-anormales, o sea, fuera de lo normal.


11/11/2022

CARTELERA CULTURAL: REGRESO AL PASADO

Título: Regreso al pasado
Género: acción y reacción
Duración: dos horas que se hacen doce
Director: el mismo del colegio
Idioma: español de Madriz
Reparto: Esperanza Roy, Concha Velasco y Marisa Paredes
Banda sonora: Forever young
Productora: Green, Graff, Speakeasy, Far West y Keeper. Minor producers: La Pepita

Sinopsis: Chuchi Mercader y sus compañeras de curso acuden a la reunión de 25 años del cole más pijo de la capital, temerosas de que los convocados perciban el paso del tiempo en sus rostros y figuras. Sin embargo, lo que encuentran allí actúa en ellas como un dardo regenerador sin precedentes.

El filme comienza con Carlota Hermida asomándose a la capilla del colegio y comentando “aquí no es, esto es algo del IMSERSO”. Extrañadas, Regina Paso y Chuchi meten las narices “el calvo es Josechu Alicante, me enrollé con él en tercero, y mira, Jonás Gutiérrez, nos dimos el filete a escondidas en los ejercicios espirituales de segundo”. “Son ellos” reconfirma Chuchi, “es solo que han envejecido mal”. Es un momento tensísimo y, a punto de huir a sus casas, aparece Tomás Manrique “Tomy” y las abarca a las cinco con sus brazos de seis metros “preciosaaaas”. “Está arrimando cebolleta” comenta Carlota espantada, y consiguen separarse de él como pueden.

Tomy se enrolla como las persianas y comienzan a salir de la misa nuevos yayos. Entre la marabunta, sale Matilde Risrás, la tímida de la letra C reconvertida en diosa griega, y corre hacia las chicas a refugiarse “pero en el cole no había uniforme, ¿por qué van todos igual?” Las chicas miran a su alrededor y comprueban que están rodeadas de 97 pantalones beiges, 80 chalecos de papi y 60 pares de zapatos castellanos, de los que hacen pupa (el resto, de ante). “Pero esto qué es, ¿el juego de encuentra la diferencia? ¡Pues vamos a perder!” El fotógrafo lo ve claro y decide hacer foto solo a uno de los chicos para multiplicarlo luego con Photoshop y enviarles a casa el resultado que, total, va a ser el mismo.

El rebaño se dirige al comedor, donde Joaquín Merlo hace de puerta pidiendo los 85 euros que cuesta el encuentro “ya veréis qué bufet”. Al ver a las chicas al fondo, pega un silbido “¡Eh, guapas, aquí como en los tiempos de Graf, vosotras gratis y sin esperar la cola!”

En el bufet, las viejas cocineras del cole, apesadumbradas, pasean bandejas de empanadillas Pescanova, sanjacobos, montaditos de mortadela y coliflor a la vinagreta. Al comprobar que el banquete es una estafa, Peyo Alcántara, antiguo grunge reconvertido a hípster, la lía parda venga a quejarse, y los otros tratan de reducirle y le obligan a tomarse un Lexatin “(¡sindicalista, que eres un sindicalista, ya te vale!”

Peyo Alcántara "el hípster", siendo reducido por sus
compañeros antes de liarla parda por el timo del buffet
Las chicas siguen admiradas con los estragos que ha efectuado el tiempo mientras Ruy del Monte y Ramiro Pencas se las acercan y confiesan a Lina Gaitán que siempre estuvieron enamorados de ella. Lina se finge sorprendida, aunque lo sabía desde el año de la polca y aparece Julio Calvete haciendo honor a su apellido y al muñeco de Michelín y les muestra cómo hacer un clavel con una servilleta, añadiendo que es el director de recursos humanos de ese banco francés tan oui oui. Ellas le dan la enhorabuena y aprovechan para darle a los pepinillos en vinagre y chequear sus móviles. 

El fiestón comienza a irse de madre y deciden trasladarse a Green (que ahora es un Panaria) a darlo todo a las 4 de la tarde. Al llegar, los más cascados comienzan a pegarse por los cuatro sofás, y el resto se queda de pie, fastidioso. Un hombrecillo de dientes pequeñitos a los lados saluda a las chicas, sabe sus nombres y anécdotas sin que ellas consigan recordar quién es, así que Matilde le dice “¿eres uno de los profesores?” El tipo se trinca su mojito de golpe y el de la propia Matilde, y se va haciendo el ruido de una sirena de policía, a saber por qué. 
Matilde Risrás "la Diosa" con Joaquín Merlo
hablando de cuando se enrollaron en 1994

Un hombre interesantísimo que las había intrigado toda la noche, se acerca por fin a ellas “hola tías”, les dice. Ellas le sonríen con cara de póker. “Soy Rosa Panadero, ¿os acordáis de mí?” El mejor especímen de la reunión resulta ser su amiga Rosa, reconvertida en Koldo. Aprovechan para abrazarle como locas y tocarle de arriba abajo comprobando el buen trabajo que han hecho los cirujanos y el gimnasio.

Comienza el baile y las confesiones se multiplican “que si a mí me gustabas tú, que si me lié con la profe de lengua, que si los dos tíos más pijales son pareja, que si en Nueva York robé en un supermercado…” Los que eran guapos están para ir al taller, los feos están que crujen, los gordos flacos, los flacos gordos, calvos unos cuantos, viajados a Turquía otros, pringuis interesantes, tirados que ahora son magnates, listillos a los que no hay quien aguante, los de los tics que van mucho al baño… 

El film finaliza de una forma memorable: en el bareto suena la canción de “life is life” y todos se ponen a coro como si estuviesen escuchando a los Rolling Stones y ellas, aburridas de lo de siempre y bastante pedo, huyen espantadas -con Koldo- al Burger King al grito de “porque yo lo valgo” y “Virgencita, que me quede como estoy”.

Una profunda reflexión sobre la vida y la muerte, el negocio de las ortodoncias, la inflación y los zapatos de piel.

10/26/2021

CARTELERA CULTURAL: PIERNAS ENSANGRENTADAS

Título: Piernas ensangrentadas
Género: erótico-festivo
Duración: lo que dura un kiki
Director: Rosa Lidorra y R. Gillette
Idioma: esperanto moderno
Reparto: Borja de Ante, Kati Jeritas, Tina Tural y Karra Surarte.
Guión original: Isabel Pantoja (la directora de cine, no la folclórica)
Banda sonora: Alaska y Víctor Manuel

Rosi Manrique lleva 40 años viviendo con sus padres y, tras el confinamiento, estos deciden largarse a vivir a Benidorm. Rosi no puede creer la suerte que tiene de comenzar a vivir sola tan joven y decide soltarse la melena y traer al fin un chico a casa para pasar un buen rato. 
Los padres de Rosi yendo a Benidorm
Los padres de Rosi saliendo
para Benidorm

El agraciado es Quino Aguirre, un antiguo compañero de oposición (a correos) al que de vez en cuando acompaña a entregar las cartas (ya que ella no aprobó). Rosi no se anda con rodeos y comienza una cadena de whatsapps ardientes como una bomba: "Ay que ver qué nombrecito tiene la de Arenal 14" "Ya me gustaría verte a ti si te hubiesen puesto Vanessa" "Uy, uy, las cosas que me dices, Quino" "No lo pillo" "Esta noche a mi casa" "¿Y eso? Tengo que prepararme los tuppers de la semana" "Me da lo mismo. Vente cuando acabes" "Oleré a cocido" "No importa" "Pero, ¿a qué voy a ir?" "Mambo number five".
Rosi se parte el pecho en el sofá de mimbre de sus padres viendo first dates y fantaseando con ir al programa mientras desconfía de que Quino vaya a aparecer, y se queda dormida con Carlos Sobera en la retina. 
A las 3 am suena el telefonillo. Es Quino. "Abre, Rosi, que subo". Rosi finge que es una anciana sin conocimiento, pero al ver que a Quino no le hace gracia, pulsa el botoncito mientras se da cuenta de que lleva una camiseta de Curro de la Expo'92 y que tiene las piernas como un oso. "Aprovecharé los ocho pisos de ascensor de Quino para pasarme la cuchilla" se dice astutamente.
Cuando abre, se ha depilado y posa sugerente con una sexy camiseta de Rick Ashley. Quino sonríe y, al pegarle un repaso con la mirada, sufre un mareo y exclama, señalando las piernas de Rosi con horror "ay, ay, pero, ¿qué te has hecho, tía?" Rosi no entiende nada hasta que descubre que las piernas le sangran chorros. "¡Ahí va, la que me he liado!"
Las piernas sangrantes de Rosi
momificadas con Scottex

La protagonista se emplasta las piernas de papel higiénico al estilo momia y limpia el riachuelo de sangre mientras Quino se tumba en el sofá con hielo en la cabeza. Rosi le dice, para que recupere el ánimo: "en el cuarto de mis padres hay un colchón muy apañado. Traigamos aquí el colchón, que ahí hay un crucifijo que no me mola nada". Un Quino aún aturdido y la momificada levantan el colchón de aquella manera y se hacen tal lío tratando de pasarlo por las tres puertas que lo separan del salón, que acaban aplastados por el mismo y encajonados en pleno pasillo.
"No sabía que era de agua" grita Quino sin aliento, peleando como un escarabajo bajo el matresse, "¡la madre que te trajo, Rosi!"
 Se hace un silencio sepulcral, solo ajado por la gata del vecino, que está en celo. Quino no respira, a ver si pasa el momentazo. "¡Con mi madre no te metas, que está en Benidorm!"
Quino llegando al portal
Este grito desgarrador es la clave de la película, que encierra todos los secretos y todas las segundas lecturas que uno le pueda hacer del film, que son muchísimas. Una música dramática, por lo menos de Víctor Manuel, termina de machacarnos mientras Quino consigue salir de debajo del colchón de aguas a rastras y huye lloriqueando, no sin antes pincharlo sin querer con el tirador de su bragueta, que nunca llegó a deslizarse a manos de aquella Rosi motivada, y provocando una hecatombe acuática que lo arrastra, divertidamente, los ocho pisos abajo, hasta el mismísimo portal.

"Un reflejo de la sociedad de folliamigos en que vivimos, que nunca funcionará". Telmo Jigatto, de COPE Nague.

"Indiscutiblemente esta historia pone en tela de juicio la seguridad de los colchones de agua". Marta Rada de la revista "Consumidor exigente"

"Cuando una mujer quiere echar un kiki, ni una depilación fallida ni un crucifijo cotilla pueden con ella". Almu Jerona, de Féminas determinadas. 

10/06/2020

ABUELO DESCONFINADO

A punto de ponerme al fin al frente de un nuevo post de Gavilán, encuentro este otro que escribí durante la fase 3 del desconfinamiento, y que había quedado enterrado entre mis papeles… pronto tendremos novedades, mientras tanto, os invito a leer este pedazo de realidad:

Mi vecina, la del 4D, me había invitado a su patio a tomar la sombra y yo había aceptado. Ella y su hermana prepararon limonada a la menta y un tablero de parchís/oca para pasar la tarde. Sobre las 8, bajo un calor asfixiante, llamaron a la puerta. “Qué raro” dijo Pétula, que es la menos habladora de las dos, “si sólo te habíamos invitado a ti”.

“Serán de Amazon” les dije, tratando de hacerme la moderna. “Antes muertas que comprar por Internet. Está pasado de rosca”, me acortaron sin pensárselo, no sé si por vanguardistas o por carcas.

Las tres nos aproximamos a la puerta y Tomasa -la más habladora y avispada- preguntó tímidamente:

–¿Quién es?

El abuelo a su llegada 
Al otro lado, una voz procedente de alguien nacido antes de la Guerra Civil, contestó:

–Abre Tomasa, anda, rica, abre…

Lo siguiente fue vernos ante un yayo casi centenario, con pelo blanco asomando por los hombros, barba desorbitada asomando de la mascarilla, cejas crecidas a modo de araña por la frente, ropa polvorienta y extrema delgadez, presentándose ante nuestras narices retostadas.  “¡Papá! Gritaron Pétula y Tomasa emocionadas. Yo, conmovida, hice como en eco sin saber por qué: “pa…pá”.

Fueron a abrazarlo y besarlo como locas instintivamente, pero enseguida aquella momia las chistó, manteniendo el soniquete tanto como hizo falta para apaciguarlas y alejarlas a su conveniencia “schshhhhh”, consiguiendo transformar aquel impulso visceral en un ridículo choque de codos.

–Hay que joderse –dijo el yayo–, las gilipolleces que se han inventado para saludar. Pero es que, si cojo el bicho, me voy a la tumba por el atajo.

Al minuto, el anciano descuidado se encontraba sentado en una mecedora primorosa mientras Tomasa le colocaba una toalla sobre los hombros y comenzaba a cortarle la melena. “Vaya pelos, papá”.

–Pero coño, que llevo desde el 12 de marzo sin salir de casa, ¡a ver qué quieres!

Luego pasó a recortarle las cejas-araña. El tipo se sintió tan relajado que se quitó unas zapatillas larguísimas de rejilla que llevaba, haciéndonos enmudecer: varios manojos de percebes desorbitados se retorcían en el lugar donde debían estar sus dedos.

–¡La Lirio! –exclamó Pétula–, eso habrá que cortarlo con alicates.

Pues córtalo, hija, si he tenido que venirme con los zapatos de tu tío Remigio, que en paz descanse, porque los míos no me cabían.

Pétula llenó un barreño de agua para reblandecer aquellas cáscaras, y como yo tenía experiencia de la clínica podológica, al final tomé la batuta y la eché a un lado, responsabilizándola del recorte de las uñas-cucharón que le habían brotado en los dedos de las manos, mientras yo me ocupaba de aquello con una segueta de bricolaje.

El yayo largándose a toda  prisa, ya
aseado, con la mascarilla en la cabeza
Aquel hombrecillo de mirada clara, que había aparecido como un fantasma con cierto aire aterrador en el umbral de la puerta de sus hijas, parecía ahora un personaje de García Márquez, agasajado y aseado por mujeres bajo un insoportable calor que bien podía ser el de Macondo. Sólo la segueta y los alicates que usamos Pétula y yo, así como los gritos que le sacamos al anciano, rompían aquel aire de realismo mágico colombiano.

Una vez se vio bien aseado y satisfecho, y después de contarnos cómo se apañaba en su pequeño apartamento del centro para sentirse a salvo del bicho (una vecina guiri de veintipocos le hacía la compra y se la ponía en una cesta que él bajaba y subía por el balconcillo), le entró una prisa enigmática, como si le hubiese picado un tabardillo, y se largó con viento fresco a su casa, sin dar más explicaciones a “las niñas”.