 |
Cayetano Morris después de liar la escabechina de las flores. |
Cayetano Morris me pidió una cita el pasado jueves. Era la tercera vez que me lo pedía, así que tuve que decirle que sí. Lo siguiente que me dijo fue: ¿te gustan las rancheras? En aquel momento me arrepentí de haber aceptado y, aunque le dije que no eran santo de mi devoción, sabía que algo desastroso ocurriría.
El viernes apareció en la puerta de mi casa con un ramo de flores frescas. Cuando me vio se puso tan nervioso que lo soltó de cuajo para darme un abrazo, y las flores fueron pisoteadas por los dos. Al agacharme a recogerlas, me di un cabezazo con él, y nos caímos de culo. Todo eso me dejó sin humor para lo que viniera y algo de dolor de coco.
Lo siguiente fue llegar al lugar de "la sorpresa" (así lo llamó durante todo el camino). Había siete personas en la cola, todas afiliadas al IMSERSO. Al entrar, descubrimos que se trataba de uno de los garitos más pequeños de la ciudad, y me pregunté dónde estaría el escenario para lo que él llamaba "el espectáculo". Todo se quedó a oscuras y alguno que no era Cayetano trató de jugar a las tinieblas tocando mi cintura y le solté un bolsazo. Una luz se encendió y un sesentón que emanaba olor a vinazo se rascaba la testa. En mitad del chikibar, en el suelo, se abrió una circunferencia con el diámetro de un 47 de pie, y un hombre vestido de vendedor inmobiliario apareció ante nosotros subiendo desde el subsuelo sobre una pequeña plataforma, cantando Con dinero y sin dinero. Terminado el numerito, con todo el público boquiabierto, cada cual por su tema, un "buenas noches, amigos" se abrió paso a través de una voz que nada tenía que ver con el cantante que acabábamos de oír.
Comenzó con fuerza, haciendo chuflas de mala calidad a las que el público respondía con risas desesperadas por que se callase. Se marcó un Me gustas mucho, y a continuación nuevas chuflas, y una mención a sus padres, que eran una de las parejas del público y le grababan sin cesar.
 |
El falso mariachi cantando Me gustas mucho. Un personaje com- pletamente opuesto a Cayetano. |
Cantaba una nueva de Luis Miguel con voz de macho cabrío, y volvía a las chuflas con su voz enclenque de vendedor de apartamentos. Cantaba Canta y no llores y de nuevo el pájaro carpintero. Cayetano me susurró al oído: "esta me la harás pagar, lo sé". Le miré de arriba a abajo, aterrizando en su risa contenida, y me pareció de pronto el tipo más divertido e interesante del mundo. Tanto fue así que, al terminar el último estruendo, cerré los ojos y puse morritos para que me besara, porque se lo merecía. Cayetano me miró sin entender nada y siguió aplaudiendo al estafador, que había hecho ya doce reverencias y desaparecía de nuevo, tragado por el suelo. Los padres del falso artista nos despidieron personalmente cuando salíamos del garito y comencé a reírme sin parar, apoyándome sobre el brazo de Cayetano y sobre su hombro, a ver si se plateaba lo del beso, pero no tuve éxito. Salimos a otros tres antros donde me invitó al bebercio y me daba vueltas en la pista como una peonza al ritmo de la música indie que sonaba y que se sabía de pe a pa. Comencé a estar hasta el gorro. Primero le había dado una oportunidad casi forzada y horrorizada y ahora quería acariciar su pelazo y besar sus morritos sin éxito. Decidí largarme a escondidas, tratando de olvidar su look de misa y las inolvidables rancheras a su lado.
Al llegar a casa, desinflada, encontré una flor en el felpudo, acompañada de una nota escrita a mano que decía así: "No soy un chico tan fácil, Mina Patuco, pero prueba de nuevo y verás".