"Espinete, ¿te vienes a la panadería de Chema?"
Don Pimpón, 1985


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1/02/2017

Gavilán sabotea la segunda edición

Acababa de llegar a casa la segunda edición de Gavilán Palomo, la novela, cuando recibí una llamada anónima.
–¿Sí?
–¿Eres Mina Patuco?
–Sí, soy...
–¿La farsante que se está forrando a mi costa? –tardé unos segundos en caer.
–Loreto...
Colgaron. A continuación me sentí confusa y con cierto temor a volver a ser raptada, así que, sin quitarme el pijama de osos gordos que llevaba, me bajé al Chemita, el bar de al lado, y pedí un poleo menta. Cuando trajeron la cuenta, en el reverso del ticket, descubrí un mensaje dirigido a mí: 
¿Crees que eres Allen Ginsberg en 1970, y que este bar es el Hotel Chelsea? ¡Lo llevas claro! 
No tenía ni idea de quién era ese Ginsberg ni a qué hotel se refería, pero me dio un escalofrío de aúpa pensando en la vieja Gavilán escribiéndome mensajes encriptados a sólo unos metros.
Amenacé al camarero con no dejar propina a menos que me explicase cómo había llegado el mensaje ahí, pero me dijo que sus labios estaban sellados con amenazas inimaginables y que no abriría su pico de camarero. Me imaginé a Loreto simplemente insinuando que volvería por allí, y comprendí muy bien al pobre chico.
La sentí más que nunca a mi alrededor, tratando de sabotear mi trabajo, y me entró mal rollo y cierta sensación de ahogo, algo estaba a punto de pasar y no era el carrito de los helados. Dejé el poleo a la mitad y subí como loca las escaleras de mi casa, con tan mala suerte que la goma del pantalón del pijama de ositos gordos debió darse de sí o algo, pero cayó por el camino y yo, en mi alarma, no me había dado cuenta. A punto de abrir la puerta en el descansillo jadeante, en bragas, abrigo, calcetines a media pierna y bambas Victoria,  salió el vecino de al lado. El padre de los niños a los que cuido. Se podría decir mi jefe. Fue verme y volverse para dentro. Mis bragas eran descaradas, lo admito. 
Loreto Tinoco escribiendo dedicatorias en mi salón, sobre los
libros de la segunda edición de Gavilán Palomo, la novela.
(Parece Quevedo, pero no, es Gavilán Palomo en mi salón)
Sin tiempo para lamentaciones, abrí temblando y temiendo lo peor. Si, Gavilán había estado allí. Había desorganizado los libros de la segunda edición, se había llevado la mitad y había sobeteado y magullado los que quedaban, además de haber escrito, con letra de pájara, lo siguiente en cada uno de ellos:

Querid _______ (espacio para escribir el nombre), este libro es todo falso, mentira, y una gran mierda. Una pena que lo hayas comprado. En cualquier caso, te lo firma la protagonista, la gran engañada, Loreto Tinoco, aún no sé ni por qué se llama Gavilán Palomo, porque esa no soy yo.
Chimpún.

No lo pude evitar. Esbocé media sonrisa al tiempo que maldecía a sus antepasados avícolas; recordé el aroma marino de Mirroque mientras olía el tufo que había dejado allí; me sentí confundida y en paz conmigo misma. Tengo 20 nuevos ejemplares, segunda edición, firmados por Loreto y por mí. Recomiendo lo pidáis a los Reyes YA, que quedan tres días.


8/07/2016

Gavilán ataca de nuevo: La presentación

Tuve que tragarme el orgullo y acudir a mi Antigua jefa, Joe Wang, de la clínica podológica, para pedirle que me dejase su local de 5 metros cuadrados para hacer la presentación de Gavilán Palomo, la Novela.
Lo primero que me chocó es que después de haber trabajado para ella durante cuatro años, limándole los callos a las viejas del barrio, no se acordase de mí. Cuando le expliqué que había sido su empleada ilegal más duradera me dijo sin miramiento que si quería volver a trabajar allí tendría que hacer prácticas durante los dos primeros años, porque así lo decía el nuevo convenio de los contratos ilegales.
Le paré los pies y le dije que me había propuesto ser una escritora famosa de la noche a la mañana, y que necesitaba su local de 10 a 12 de la noche un sábado para presentar la novela. Joe me miró por un segundo mientras le serraba el callo al portero del 19. “Vale” me dijo sin más. Quizás recordó de pronto la cantidad de pies repelentes que saneé en aquella cueva clandestina.
La presentación estaba programada, el público convocado, los pinchos de salami y el vino en brick preparados. El sábado a las 9.45 Joe Wang me dejó la llave, y en ese cuarto de hora China y yo limpiamos el lugar de callosidades y porciones de pie, y logramos envolver el decorado con papel pinocho azul que hacía una doble función: por un lado, ocultar las herramientas antidurezas más insospechadas y, por otro, evocar el mar, escenario permanente en mi novela. Negri quiso colaborar y se plantó uno de esos trajes de cerillera de cabaret con cofia, con una bandejita llena de ejemplares que vendería al personal  mientras yo daba un pequeño discurso sobre Mirroque de Mar y su background como pueblo bohemio del Levante.
La cara de incomprensión del
pequeño Rafael Walterson,
uno de los invitados a la
presentación, al leer que ésta
se pospondría hasta septiembre
Cuando andaba ensayando mi discursito sin fundamento, se escucharon unas palmadas desde el fondo (a 25 centímetros de mí) de la sala. Un foco que salía del fijador de mechas me apuntaba a la cara y no me dejaba ver la silueta de la que procedía el sonido. “Todo eso está muy bien, Mina Patuco, pero deberías contarles quién tuvo el valor de ponerse en manos del Mago Carrasco, o quién  aguantó la visita de aquellos americanotes en su habitación…” Sus palabras resonaron en mi cabeza como el renacer de una pesadilla olvidada. “¡Loreto!” exclamé apretándome las sienes deslumbrada, “Loreto, ¿eres tú?” Negri consiguió apagar el foco, pero para entonces ya era tarde. En lugar de Gavilán, había unas cuartillas fotocopiadas con la siguiente información:
“LA PRESENTACIÓN DE GAVILÁN PALOMO, LA NOVELA, TENDRÁ LUGAR FINALMENTE EN SEPTIEMBRE. LARGO DE AQUÍ”.
Observamos que el escaparate estaba forrado con aquellas cuartillas, y que nadie había esperando fuera. No pude creerlo. Gavilán me la jugaba de nuevo, y esta vez había actuado a su conveniencia. ¿Habría algún motivo para que quisiera que la presentación se celebrase en septiembre? ¿Tendría algo preparado? ¿Iría tal vez a hacer uno de sus numeritos de claqué improvisado?

China, Negri y yo aprovechamos lo que quedaba de la velada para hacernos los pies.

9/22/2015

El rapto de Mina 2

Nunca sigo los consejos del panadero del barrio, que siempre me dice que vaya con la boca cerrada por si me entran moscas. Esta vez tuvo razón. Algo me entró por la boca cuando estaba a punto de llegar a una entrevista para una tienda de encurtidos orgánicos (la clínica podológica explotó, os contaré la historia en otro post). Noté enseguida que lo que creí que era un bicho, se me colaba por la garganta, y a partir de ahí no recuerdo más. Lo siguiente fue despertar en una horrible sala de estar, decorada con reproducciones a láser de cuadros conocidos, como la Gioconda, junto a otros desconocidos, como un retrato de Emilio Aragón. 
Cuadro de impresora láser sobre
canvas de plástico de Eugenio,
 colgado junto a un retrato del Greco. 
Aquello me azotó los sentidos y se mezcló con el temor de no saber dónde estaba ni por qué llevaba un albornoz de 1983, zapatillas de peluche con cara de San Bernardo, o que mis manos estuviesen amarradas detrás de la silla en que me habían sentado. 
"¡Mami!" grité, por si alguno de mis hermanos se estaba vengando por rencillas de la infancia. 
Comenzó a sonar la banda sonora de Grease estilo megamix, algo que quienes me conocen saben que me cabrea. 
Pensé en aquel barquillero al que le lancé la ruletita por los aires hace años. ¿Habría conseguido localizarme? También me vinieron a la cabeza un par de ex novios a los que tuve que rechazar porque querían hijos míos. A continuación aparecieron Ana Obregón y Belén Esteban y se pusieron a jugar a Miliquitubi delante mío, desafinando a tope. Y como guinda, ¡un mimo hacía el numerito de "atrapado en el cristal"!
A punto de sufrir un colapso nervioso, volví a mirar las paredes tratando de encontrar alivio para mis ojos. Esta vez me fijé en las Tres Gracias de Rubens junto a un retrato de Jorge Javier Vázquez en un paraje similar, pero desnudo y acuclillado haciendo la rana.
Sólo había dos posibilidades que se me ocurrían: o un grupo de artistas dadaístas trataba de hacer un collage con mi cerebro reventado, o Gavilán había vuelto a la carga.
"Loreto Tinoco" dije, "sé que estás ahí y que has sobrepasado la edad de jubilación". Entonces, unas manos como pasas de California me acercaron desde atrás un trapito con olor...
Desperté en casa, aún con el albornoz, las zapatillas de peluche y una nota escrita en un lienzo al óleo: "HABRA MAS". Gavilán sabe dónde vivo, conoce este blog, sabe de mi éxito como humorista de alterne, y no lo soporta. 
Identifícate Gavi, ¡hablemos!
Por cierto, la entrevista me la repiten mañana...

10/11/2011

el rapto de Mina

Queridos lectores y superfans de Gavilán,
no acepto reprimendas por haber descuidado este blog, ¡simplemente me raptaron!
El pasado mes, cuando volvía de comprar cuarto de lomo fingiendo, con unos tacones Paco's colosales, que era pariente de Sarah Jessica Parker, un Seat Panda paró a mi lado como si algo le interesase.
Tardaron sólo medio segundo en meterme en el coche y vendarme los ojos, algo que no me privó de comprobar que la tapicería estaba forrada con mantillas odiosas probablemente de colores muy poco trendies. Noté cómo me ponían ropas sobre mi vestido de mercadillo medieval, como si tuviera que abrigarme, y tiraron mis Paco's por la ventana.
Al bajar del coche, quince horas más tarde, me condujeron a algún lugar con cientos de escaleras, una detrás de otra, metálicas, y sentía cómo me rodeaban muchas personas hablando francés. Al fin, alguien me destapó los ojos, y me encontré con los Champs Elysées enfrente, subida a la mismísima Tour Eiffel, y lo más importante: vestida con el gusto de Britney Spears y Belén Esteban juntas. Traté de taparme y grité, ante los ojos impresionados de cientos de franceses y otros turistas elegantes.
Entonces la ví huír corriendo, con una coleta canosa y un perfil de pájara, muy satisfecha de sí misma.
Era Loreto Tinoco, alias Gavilán Palomo, aquella mujer que en su día nos anduvo persiguiendo en un campamento juvenil al que se apuntó siendo ya más que cincuentona. Imagino que nos ha encontrado, y temo que al comprobar que ahora soy una escritora de renombre a su costa, las venganzas continúen.
Esto ocurrió el 1 de septiembre, sin dinero, y vestida de aquel modo, ayer llegué a Madrid, después de cuarenta días vagando por las carreteras fgansesas y espagnolas. Gracias a que mi amiga Gosío me dio cobijo en Montpellier y pude trabajar unos días para pagarme un traje de Mango y un billete de autobús, estoy aquí. Pero la aventura de la vuelta, os la contaré por partes.
En la foto: Mina Patuco descubre dónde está y cómo va vestida, en la Torre Eiffel de París.