"Espinete, ¿te vienes a la panadería de Chema?"
Don Pimpón, 1985


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1/14/2026

La última performance de Pili Grossa

Hace unas semanas mi prima Pili Grossa compró una camisa hipster en una tienda de segunda mano y primera calidad en Almagro, Ciudad Real. El hombre de la tienda le aseguró que había pertenecido a su abuelo, y de ahí la etiqueta vintage. La convenció, y el primer día que se la puso observó que la gente la rehuía. Descubrimos que los sobacos de la camisa olían a rayo cósmico, más bien a sobaco de hace setenta años. La lavó con Norit, Ariel, Ecogel, Kalia, lejía y gasolina, pero el olor era más resistente que Putin, y decidió cortar ambas áreas sobaquiles en redondo. La camisa era lo más y se negaba a renunciar a ella. Y menos cuando había pagado 120 euros por la pieza. 

Pili Grossa con su camisa
demodé, marcando tendencia
Quedaron dos agujeros enormes que dejaban sus delicadas axilas al aire y le daban una libertad desconocida hasta entonces. Como está de moda el matojo, optó por dejar de depilarse aprovechando el espacio bajo el ala y aquellas matas sobresaliendo al ritmo al que se movían sus brazos comenzaron a crear tendencia y ahora tienen más que protagonismo en la noche de Malasaña y Lavapiés. Camisas recortadas con cabelleras sobresaliendo por todas partes. La gente no sabe de dónde ha salido la idea, algunos se la atribuyen, cuentan historias en redes... pero la realidad os la acabo de contar. Pili Grossa siempre marca tendencia.

3/17/2020

CARTELERA CULTURAL: Perrería apocalíptica


Título: Perrería apocalíptica 

Género: Ciencia-ficción 

Duración: Nadie sabe hasta cuándo 
Director: V. Coronas 
Idioma: Parece que se ha extendido a todos los idiomas 
Reparto: Gente improvisada para que parezca aún más real. 
Una estudiante de filosofía se queda al cuidado de los dos hijos de sus vecinos mientras estos se largan a la Isla de Pascua a reavivar la llama de su matrimonio en brasas. 
Al cabo de pocas horas, Conchi pide ayuda a su novio porque ya no puede más, y en el momento en que Quique entra por la puerta se decreta el estado de alarma por un virus relacionado con cerveza o familia real a partes iguales. Los dos veinteañeros quedan confinados en la casa con los niños indefinidamente. 
Tras unos días de darle a la oca, al parchís, las tabas, al cantajuegos y a sesiones virtuales con los papás de los niños, que aparecen bronceados y fingiendo preocupación por no poder volver de momento, los dos estudiantes trazan un arriesgado y astuto plan para poder salir a la calle a tomar el aire. 
Ya que el único salvoconducto para salir de casa es pasear al perro, deciden coger un sucio peluche gigante de Cristinita, la pequeña, ponerle una correa y salir a pasearlo a ver si cuela. Para que el muñeco ande, le insertan unos patines de la Nancy y Quique emite ladridos sin articular los labios, algo que aprendió viendo a José Luis Moreno en la tele. 
La imagen apocalíptica en la que se les ve a los cuatro paseando a un perrazo gigante con patines y que ladra sospechosamente en mitad del bulevar vacío, pensando que están engañando a alguien, es lo más valioso y lo más patético de todo el film. 
Al final, una patrulla de la Guardia Civil los alerta por el megáfono: “SUELTEN EL PELUCHE DE FERIA. REPITO. SUELTEN EL PELUCHE, QUE NI SIQUIERA ES UN PERRO, QUE ES UNA ARDILLA GIGANTE. SUELTEN YA ESA BOLA DE PELO ARTIFICIAL Y VUELVAN A CASA CON LAS MANOS EN ALTO…” 
En un arranque heroico, Quique se la juega y mueve a la ardillaza con la mano por detrás e insiste con el falso ladrido, como si la mascota amenazara a la patrulla. Un sargento como un armario sale del coche con cara de malas pulgas y la familia de postín sale corriendo, dejando al perro-ardilla abandonado en mitad de la calzada, mientras la patrulla se aleja y suena la música de Rocky, nadie sabe por qué.

Quique en su arranque heroico,
ladra mientras sonríe
Angustiosa, aterradora, sin sentido, la película recoge una realidad paralela poco realista, incluso tratándose del género de ciencia-ficción. 


“No hay quien se trague que algo así pueda pasar en la vida real” Roque P. Tulante, El País 
“Un film apocalíptico con el que nadie se sentiría identificado, ni en sueños” K. Gón de ABC 
“Ni la mejor novela de Stephen King sería tan retorcida” Pablo H. Rodríguez, El Mundo

5/23/2019

Reafirmante infalible


Tras fracasar definitivamente en mi intento de hacerme deportista, no volví a preocuparme por mi salud física hasta que hace unos meses alguien –probablemente en la cola de la administración de lotería– pronunció las palabras flaccidez y edad en la misma frase.

Yo no sabía qué era lo primero, así que busqué en el diccionario y entré en pánico. ¿Era una amenaza real? Mi abuela y sus amigos del pueblo siempre me dicen que soy muy joven y creo que hablan con sinceridad, pero busqué en el espejo algunos signos de este nuevo término, ¡y vaya si los encontré!

Momento en que llegué a urgencias
La idea de intentar otra vez lo del deporte me parecía descabellado (sobretodo mientras Churros Manoli siguiese a diez metros de casa). No sabía a quién preguntar, no tenía referencias, y traté de pensar en alguien de mi edad con las carnes de una adolescente.  Enseguida apareció en mi cabeza B, que junto con su hermana M, rompen los esquemas conocidos, sólo mencionaré que a veces la policía para a sus parejas acusándolos de ir con una menor...

El precio del spray milagroso que me recomendaron fue tal, que lo transporté a casa en un maletín de seguridad esposado a la muñeca y, al llegar, lo contemplé algo turuleta, comprobando que era un frasco verde y blanco sin más. 

Al quitarme la ropa revisé qué partes atacaría y la verdad es que todo podía mejorar. Me embadurné de aquella pasta arriba y abajo imaginándome que en el plazo de una semana habría recuperado la firmeza que nunca tuve, ni con 20. Y, aunque no era facial, decidí también aplicármela en la cara, por si se producían milagros ahí también. 
El médico del hospi, diciéndome que
 estaba fuera de peligro y que no hiciera
más tonterías.
Enseguida se hizo notar el efecto calor y el regustillo me hacía imaginar que mis carnes se recomponían como por arte de magia y que mis muslos se convertían en los de Beyoncé. Aquello se alargaba y decidí mirarme en el espejo por si los efectos se hacían visibles de inmediato pero, cuál fue mi sorpresa, al encontrarme de un color barbacoa preocupante, como si me hubiese quedado dormida a pleno sol en Benidorm un día de agosto.

Busqué en las instrucciones por si aquel efecto era parte de lo que cabía esperar o por si, por el contrario, iba a morir reducida a cenizas. Era cierto que me inundaba un calor abrasador y entré en pánico, así que, no se me ocurrió otra cosa que pedir socorro por la ventana del patio interior. Gracias a Dios nadie me hizo ni caso, así que llamé a B. "El efecto calor es normal", me consoló, pero tras enviarle una foto, me dijo que pasaba a por mí para llevarme a urgencias enseguida, donde me aplicaron urbason y emplastes de diferentes hierbas y drogas, salvando partes de mi anatomía que daban por reducidas a cenizas. 

Los doctores quedaron muy satisfechos, después de todo, sigo pareciendo yo. Ya a toro pasado, las hermanas me confesaron que, además del spray, corren conco kilómetros seis veces por semana y bailan salsa por las noches siempre que pueden. Parece que tendré que rendirme al deporte si lo que quiero es firmeza y juventud, o matarme a píldoras como Sánchez Dragó.

10/25/2018

Tortazo a gusto

Me habían llamado de un trabajo perfecto como guía de barrio para unos filipinos jubilados que iban a pasar unas semanas de vacaciones en el barrio de San Blas. Sólo tendría que llevarles a la mercería, al súper, a la licorería... muy compatible con mis tareas de escritora, con tiempo de sobra entre paseo y paseo  y con carnaza a manta para escribir la novela del siglo. 
También una amiga me había informado de que el Pipas había venido a Madrid desde Mirroque de Mar para hacerse una radiografía porque se había partido el dedo meñique tratando de rascarse un oído en el que padecía unas alergias tremendas. 
Todo me sonreía: iría al trabajo, quedaría con el Pipas, convertiría la jornada en un relato precioso y ganaría algún concurso. Fue aún mejor cuando mi viejo amor de verano me dijo que desayunaría conmigo antes de irme a San Blas, en la taberna de enfrente de casa, donde me esperaría.
Me levanté de la cama de un salto y empleé sólo dos horas en estar lista para sorprenderle. Habían pasado años desde la última vez que nos vimos en Albacete Capital jugando a la botella con sus compañeros de carrera. (Recuerdo que la mitad de ellos tenía un aliento fétido y que yo trucaba la botella para besar sólo a los que olían a Halls de eucaliptus). 
Panorámica de los pies del Pipas en el momento en que
yo aterrizaba con los dientes en el suelo.
Bajé muerta de hambre y allí le vi. Se había cortado el pelo, aunque conservaba las mechas californianas naturales, pero iba vestido tan informal como siempre y comía pipas tranquilísimamente. Llevaba una escayola en el meñique que no le impedía seguir dale que te pego con las semillas de girasol. Al mirarnos, nos sonreímos, y crucé el bulevar ciegamente, apresuradamente, ligeramente, tan estúpidamente, que tropecé con el bordillo de su acera, creyendo que llegaba a sus brazos y a sus pipas en un pequeño vuelo. Cuando quise darme cuenta de que no sabía volar, me había tragado parte de la acera, me habían saltado varios piños y éstos mismos me habían triturado el labio superior con una crueldad excesiva. Como avisadas por radar, cientos de viejas salieron de sus escondrijos preguntando si estaba bien, qué había pasado, qué horror, qué cuadro, pobre chica, madre mía qué estropicio, esta se queda para vestir santos... los comentarios eran abundantes en sólo unos segundos, así que me levanté tan rápido como pude, llorando como en regresión con una buena torta que me di en bici en la infancia, sacudí mis brazos para que me soltaran, y corrí a los del Pipas, que no había querido ni inmutarse, seguramente para no asustarme. 
Nos metimos en un taxi de camino al hospital mientras yo berreaba como un bebé y pensaba en cómo quedaría mi cara y mis dientes después de aquello, en lo perdidos que iban a estar esos pobres ancianos filipinos en San Blas y en la escayola tan exagerada que llevaba el Pipas, para tratarse sólo de un meñique.
Al llegar a urgencias me pasaron enseguida a maxilofacial, donde una doctora me durmió media cara y me cosió el estropicio, recomendándome que me buscase un buen dentista si quería volver a comer kikos alguna vez en la vida. Al salir de la consulta, dolorida, bordada y con media cara caída como un blandiblú, encontré a un agente de policía haciéndole preguntas al Pipas. Cuando llegué a ellos, me preguntaron si había sido él quien me había pegado. Yo no entendía nada. Luego caí en su superescayola. Me entró la risa, y no se me saltaron los puntos porque esa zona estaba dormida y sólo sonreía con el medio lado bueno. El Pipas era el ser más pasota de la tierra, no le haría daño ni a una pipa. "Que me he tragado un bordillo, señor agente" le dije sin poder parar de reír, secándome las lágrimas. 
El Ratón Pérez haciendo acopio de todos sus ahorros
para poder llevarse mis dientes aquella noche.
Salimos del hospital. El Pipas aún no había articulado palabra desde que nos habíamos visto, aunque sí había dejado de comer pipas un minuto antes. Estaba horrenda junto a él, tenía la dentadura de Mikel Erentxun y los morros de Yola Berrocal con pespunte añadido. Sin embargo, me miró como en el verano en que nos conocimos, me acarició con la escayola mohosa y grafiteada en el lado bueno de la cara y me dijo con su acento alicantino-californiano: "qué bien te veo, Mina Patuco".

4/24/2018

FIESTA DE CARETAS

    Comienzo a tener amigos que cumplen cifras de años que incomodan, debían haberme advertido en algún momento que eran tan mayores, pero en fin, el espíritu lo tienen intacto. Tampoco sé cómo me las apañaba para ir en la adolescencia en una pandilla de verano de gente tan mayor. El caso es que J. cumplía 40 el viernes pasado y nos invitó a una fiesta sorpresa.
Foto de la pandilla en el verano de 1993. 

—¿Cómo que sorpresa, si lo sabes?
—Siempre quise una fiesta sorpresa. Como no confío en vosotros, me la hago yo. Entraré en el Rapha&Rafa a las 10 pm, y quiero que me gritéis SORPRESA como si no hubiera un mañana.
    Por supuesto, J no se merece menos. Durante la semana, le compramos un regalo entre toda la pandilla: unas entradas para ver eurovisión en Lisboa, pero en un bareto que lo televisa. Las entradas en directo eran demasiado caras, y el bar sólo cobra el bacalao y la cerveza. A J y a su chica les encanta eurovisión y lo pasaron fatal cuando Chikilicuatre perdió aquel año. Por eso, propuse también al grupo hacer unas caretas de la cara de J y ponérnoslas de sorpresa en su cumple cuando sonara el tema del Chiki Chiki, que es su canción favorita. A todos les pareció una idea fenomenal.
    Bajé a la imprenta con una foto de J de 1995, cuando tenía 17 años, y de camino me paró Alfredo, el portero del 58, el del ojo pipa que es  un buitre de la edad de mi padre y siempre está intentando quedar conmigo para cenar. Le dije que no tenía tiempo para tonterías y el muy plasta me siguió, dándome la tabarra como nunca. Al llegar, había cola y tuvo tiempo para querer regalarme una foto suya que llevaba en la chaquetilla del uniforme en la que salía más feo que en toda su vida. No diría algo tan cruel sobre una cara humana y tuerta, si no fuera porque es un buitre y porque su arrogancia y prepotencia son excesivas. No le aguantaba más y acepté su maldita foto por insistencia y le envié a freír espárragos de una vez por todas.
J bailando como loco "La fiesta de Blas" de Fórmula V
   Al fin, el viernes me puse un vestido de mi abuela de 1960 que parece comprado en Kling y me fui a la fiesta con las caretas de J en el paquete que me prepararon en la propia imprenta. El Rapha&Rafa es un club dedicado al cantante Raphael y a Rafaella Carrá, con música demodé española, donde a veces mis abuelos van a bailar el chotis. Nos reunimos allí unos minutos antes de que entrase J, muertos de risa, pensando en la verdadera sorpresa de las caretas y el Chiki-chiki. J entró y gritamos SORPRESA tal y como nos pidió y se puso a llorar y a fingir que no sabía nada. Aquella sobreactuación nos dejó abochornados, pero le seguimos la corriente, porque era su cumpleaños.
    Una hora y media más tarde, cuando ya no dábamos pie con bola, le pedimos al DJ que pusiera la canción. Fue un problema, porque no sabía de qué hablábamos y tuvimos que ayudar a aquel jubilado a encontrarla por medio de tecnología, algo que no conocía en absoluto. Luego repartí las caretas boca abajo, para que J no sospechara ni se viera de pronto en manos de nadie y, al oír al Chikilicuatre, al fin, nos pusimos las máscaras a ciegas. Los tontos de la copistería les habían puesto gomas pero no le habían hecho agujeros en los ojos, así que no veíamos ni torta, y bailábamos el Chiki Chiki robóticamente y chocando unos contra otros, como bolos muertos de la risa. J no se pronunciaba, pero podíamos ver sus pies bailar a pasitos al ritmo de su canción. Comentaba “pero qué son esas máscaras”, y nos entraba más risa, nos veníamos arriba comentando entre caretas que iba tan mal que ni se había reconocido, y algunos caímos al suelo porque no veíamos nada. A gatas por el suelo, muerta de risa como una croqueta, se me movió la careta y pude ver una escena que de pronto me espabiló como una bofetada de las de mi madre: las caretas no eran de la cara de J, ¡eran de Alfredo, el portero tuerto, aquel plasta sin fin, que me había dejado tan hastiada, que había hecho que diera su foto en lugar de la de J en la copistería!
    Reconozco que soy un poco cobarde. Me escurrí a gatas con los tacones en la mano hasta la puerta y huí como una criminal. Pero qué más daba, si nadie se había enterado y les dejé borrachos y muertos de risa como en sus vidas, en el Rapha&Rafa pureta’s bar.

1/24/2017

El DJ de la fiesta de C.P.

La madre de los niños a los que cuido, C.P., me invitó la semana pasada a su fiesta de 40 cumpleaños. Quise escaquearme diciéndole que yo cuidaría de sus hijos, pero me dijo que había contratado a otra niñera, creo que lo hacía para rebajar la media de edad de la fiesta, así que no me quedó otra.  
Rick, en uno de sus momentazos de la noche
Como imaginé que sería una fiesta de papis con gente démodé, me puse una camiseta sosa, un pantalón suelto, y unas bailarinas doradas que encontré una vez junto a un contenedor, pensando en darle a mi look un toque festivo.  Cuando llegué al local que habían alquilado (un garaje del barrio), me sentí como Marty McFly llegando a 1955, pero en mi caso, lo hacía a los 80: había más hombreras en aquellos 150 metros cuadrados, que en Galerías Preciados en 1985. Varios pelos leonescos bien enlacados dirigieron sus miradas hacia mí con reproche porque estaba "out", pero al menos era la más joven, y superé aquel ridículo en los 3 segundos que tardé en encontrar unos pechos caídos mal disimulados.

M, el marido de C, mi jefe, ya sabéis, el que me había visto hacía unos días corriendo medio desnuda por el descansillo, se acercó con una copa gigante llena de ginebra y frambuesas, y me dio la bienvenida con cara de haberse bebido ya unas cuantas antes. C., su mujer, estaba en medio de la pista, bailando a Tino Casal, con sus colegas alrededor palmeando y dando ánimos. Pero al acercarme, descubrí que a quien palmeaba el corrillo en realidad, era a un tipo de figura gallinácea, con micrófono en mano, que cantaba y bailaba algo desacompasado... me recordaba a Power Ranger (si no has leído Gavilán Palomo, la novela, ya estás tardando), pero no era él. Era EL PINCHA del guateque. Llevaba camisa retro con medio pecho al aire y Stan Smith blancas, y realmente él era el protagonista de aquella fiesta. 
Delicioso churrasco de ternera, que
recuerda al olor que dejó Rick después
de su numerito con el mechero.
Volvió a su sitio y a continuación puso a los Panchos mientras la multitud vitoreaba moviendo las caderas frente a él. Decidí hacerme con una de esas copas-grial y tratar de bailar aquello si no quería pegarme un tiro en frente de todos. Varios moscones cuarentones se me acercaron, pero los alejé gracias a que imito perfectamente a Massiel bailando, y eso no lo aguanta nadie. De pronto, el DJ de nuevo cogió el micrófono y dijo: "yupi, chicos. Soy Rick, vuestro DJ de la noche, y vamos a liarla parda" y a continuación se puso a cantar Dire Straits como si se tratase de los Sex Pistols. Aquello se desmadró, mezcló horriblemente Raffaella Carrá con la Creedence, Azúcar Moreno con los Beatles, Chimo Bayo con Ramones y Junco, y Camela con los Pixies y Sara Montiel... y cada canción tenía su sorpresa: que si me cuelgo de los fluorescentes del techo, que si hago un calvo, que si morreo a la del cumpleaños para sellar la canción... A todo esto, la policía se acercó varias veces a decir que bajaran el volúmen, y cuando mi jefe se acercaba a bajar su mesa de mezclas, Rick volvía a subirlo cuatro veces más con una sonrisa burlona y a varias copas de distancia de cualquier ser humano limitado. Cuando todo el mundo comenzaba a estar un poco hasta los cuyons de él, porque había entrado en una espiral de canciones de la Trinca, se le ocurrió encender un mechero como si la melodía fuese de balada, y se incendió sin querer la melena y las cejas, empeorándolo con un intento de apagado a base de Jack Daniel's. Se quedó calvo como un pollo pelado, y vino la ambulancia para llevarle al hospital al pobre con todo el cuero cabelludo al rojo vivo, pero él seguía cantando a Peret y moviéndose como una gallina, y oímos que el médico le susurraba al camillero que pusiesen rumbo al manicomio de Guadarrama directamente. 
La fiesta se quedó en nada sin él, y yo he aprendido una valiosa lección: si quieres triunfar en una fiesta realmente carca, vuelve a los 80. 

10/24/2016

EXPOSICIÓN ATÓPICA

La semana pasada recibí una llamada de un viejo amigo que, después de haber trabajado durante años como abogado, había decidido sentar la cabeza y hacerse artista de vanguardia. Me comentó que inauguraba una exposición  en el herbolario "A la rica Tila", que por lo visto es un lugar puntero en el lanzamiento de nuevos artistas. Q. añadió: "dile a la pandilla de verano que venga contigo".
Aparecí allí con Mariví, que acababa de llegar como cooperante de una ardua misión en Estocolmo; con Chus (Jesús Alberto), que era el gracioso de la pandilla; con Mica(ela) y Maca(rena), las hermanas más sexys de la pandilla que seguían conservando el título después de haber parido nueve hijos entre las dos; y con Ron(erto) y Rod(rigo), otro par de hermanos que no se parecían entre ellos. Al vernos después de quince años lloramos emocionados lo que se dice quince segundos, para quedar bien, y decidimos entrar a ver lo que Q. nos tenía reservado.
En la entrada había un cartel que decía en letras hechas con regalices pegados:
  
EXPOSICIÓN ATÓPICA

y dos pasos más allá, una anciana con el emblema del herbolario zurcido en el delantal nos recibía con una copa de champán llena de algo blanco y cremoso, diciéndonos lo siguiente: "no lo beban, que es crema de yoyoba para pieles atópicas. Úntenselo por cara y extremidades. Todo le resultará realmente ATÓPICO".
A continuación, sonó una música como de peli de Stephen King y, efectivamente, lo siguiente iba a ser tan misterioso como inesperado. Rob gritó: ¡Cuidado! y, a punto de pisarlo, encontramos una vomitona tiesa en el suelo con un cartelito al lado en el que ponía: BOTELLÓN EN TRIBUNAL'97
Técnica de avellanas con crema de puerros en Thermomix.
Aquello nos provocó sentimientos encontrados entre la nostalgia y el asco y, sin darnos tiempo a decidir entre uno u otro, un hombre con un batín abierto y por lo demás totalmente desnudo, se nos cruzó patinando mientras tocaba una pandereta navideña. "Pero si aún es octubre" exclamó Mariví, que era la más lista de todos. Las hermanas Mica y Maca señalaron la siguiente obra de arte, que era un cartel escrito por la mano derecha de alguien zurdo:

AQUÍ ESTÁ SENTADO EL HOMBRE INVISIBLE. NO TRATES DE TOCARLE, PORQUE SE APARTARÁ.

Chus alucinó y comprobó que, efectivamente, el hombre invisible se había retirado de allí cuando él pasaba la mano. Nos quedamos boquiabiertos mientras la música de Expediente X nos perseguía y el de los patines mojaba sus deditos en nuestras copas de crema y nos untaba las caras sin cuidado, como para recordarnos lo atópico que era todo, incluidas nuestras pieles.
Las luces se apagaron y más invitados se amontonaron junto a nosotros. Un foco iluminó a Q. al fin, que llevaba un kiki justo encima de la frente y un micrófono en la mano, y que dijo: "Gracias por estar aquí. Espero que todo esto os parezca una mierda gigante" y acto seguido tiró el micrófono violentamente al suelo y se lo cargó, claro. El sonido estridente típico de los micros cuando no funcionan nos destrozó los oídos, y Q. aprovechó para coger una comba y saltar mientras cantaba: "A la comba, combita, combita, combaaa..." al tiempo que luz desaparecía de nuevo y su voz se esfumaba como con eco. Al volver la luz aparecimos frente a un espejo gigante que nos hizo saltar a todos del susto, y mucha gente aprovechó para retocarse el colorete. Unas flechas luminosas  brotaron en el suelo y el de los patines las seguía frente a nosotros, guiándonos ya sin batín siquiera, y llevando escrito en los cachetes:

SÍGUEME HERM (y una flecha que señalaba a su ANO completaba el mensaje).

Uno de los chimpancés que trabajan mano a mano con Q. ,
dando una clase práctica de pintura con acrílicos en la facultad
de Bellas Artes.
Le seguimos por unos pasillos laberínticos a través de los que se oían risas de personas de la tercera edad, seguramente sacadas del público de algún programa de María Teresa Campos. Una cebra-globo gigante con un puro en la boca se nos cruzó volando, y un eructo en off trajo de nuevo el silencio. La anciana de la entrada nos rellenó las copas de crema, y dos chimpancés llegaron trayendo ante nosotros un precioso cuadro multicolor de una belleza sorprendente. "Ooooooohhhh" exclamó todo el mundo.  "Los que no vayan a comprar la pota o el cuadro, que se larguen ya" dijo la voz en off, que era seguro la misma que había eructado. 
Tardamos tres segundo en desaparecer. "Pues chica, yo la pota la habría puesto de centro de mesa si no fuera por los niños, que se la comen seguro" dijo Maca mientras Rob y Rod no le quitaban el ojo. 
Llevo toda la semana repasando una y otra vez la exposición y sus partes. Realmente atópica...

3/08/2016

viaje en dirección opuesta

La pasada noche Morfeo vino a mí para mecerme en sus brazos oníricos y luego abofetearme bien fuerte. Pero eso sólo fue la primera parte del sueño. Yo lo interpreté como un aviso, una metáfora de lo que me esperaba: un sueño si no malo, al menos inquietante. 
Yo misma en mi sueño
(donde aparecía como un
hombre robusto), hablando
con mi prima, Pili Grossa.
Me encontré de pronto en la estación de Atocha esperando un tren hacia Lisboa, una de mis ciudades favoritas (a parte de Madrid y Chinchilla, poco más conozco). Yo parecía emocionada con mi viaje, y mientras hacía tiempo sentada en un sillón de esos que te dan un masaje por 50 céntimos, vi pasar primero a Mark Ruffalo y después a varias tortugas en fila india salidas del estanque artificial de la estación. Una de ellas me miró y me dijo que era mi prima, Pili Grossa, y que si nos íbamos de compras a Humana, que había descuentos en prendas interiores. Salí huyendo asustada, no por que Pili fuera una tortuga, sino porque tenía la voz de Quique San Francisco. Al llegar a mi andén apareció un ser peludo y enano a mi lado que me decía: "¿Y si coges el tren en dirección opuesta? Vamos, cambia de aires. Vamos, atrévete. Vamos, confía en mí. Vamos, échale valor. Vamos que nos vamos, ¡otra muñeca chochona!" Y en ese instante en el que el tono de la frase se convertía en el de un feriante de tercera, me desperté sudorosa en la litera de mi buhardilla-estudio. Ya debajo de la litera, en la chiki-cocina, tomando leche con Eco y recomponiendo el sueño, me di cuenta de algo que me erizó el vello de los muslos: justo en dirección opuesta a Lisboa se encontraba Mirroque de Mar.

6/22/2015

VUELVE DAMIAN EL VASCO


Ya os hablé de Damián, el Vasco, hace varios años en el poema del hombre apaleado. Cumplía cuarenta y cinco y ahora ya ronda los 50, y sigue manteniendo un gran parecido físico con Sergio Dalma.

Lo que ha hecho Damián el Vasco alias Cuñaaaaaooooo, este fin de semana, ha sido una de esas travesuras con las que todo hombre sueña, y que desempeña como si no hubiera un mañana: escaquearse de los quehaceres familiares, del colecho conyugal, de los partidos del nene…. Para irse un fin de semana entero con sus amigos pasados de fecha y hacerse un torneo de pádel, camisetas equipo-peña y algunas otras atrocidades carrociles propias de la edad.

El de la tienda de ultramarinos,
sobrino de la Jacoba, quiso hacer
también una exhibición de sus
habilidades, dejando a los del
padel muy desanimados.
Llegaron a Talamanca de los Motriles el viernes, y les cayeron 40 grados a la sombra. El hotel con spa que habían comprado en gruponzon.com  resultó ser la casa de la tía Jacoba, tal cual, sita en el centro del pueblo, con literas de campamento y un redil para la burra. ¿Habéis traído los sacos de dormir? Les preguntó la señora, que llevaba una pañoleta negra en la cabeza, pero que sabía manejar el whatsapp. La pesadilla continuó cuando las pistas de pádel eran, sencillamente, el aparcamiento del ultramarinos, donde les esperaban los tres únicos niños del pueblo, y los dos únicos adolescentes, éstos últimos siameses, con pancartas que decían “que gane equipo 1” los unos, y “que gane equipo 2” los otros. Además, el resto del pueblo descansaba en sillas plegables bajo una sombrilla de Amstel que les había dejado Ovidio, el del bar. Las posibilidades de huir sin ser presos de garrotazos eran tan pocas, que se pusieron a jugar con las camisetas equipo-peña, que llevaban la silueta de una tía en pelotas, y los más ancianos estaban encantados.

Aquello terminó como el rosario de la aurora: Damián el Vasco y dos más (de los seis que iban) en las urgencias más cercanas, a unos 60 km del pueblo, por deshidratación, falta de riego y, como indicó el doctor de la comarca en el informe: “indicios de vergüenza suma y desilusión máxima”. También añadió de viva voz para la radio local “creo que estos individuos habían puesto demasiadas esperanzas en un fin de semana, y siento decir que la realidad es la realidad, y esto no es Marbella”.

A la ratona de los rizos (como llaman en el barrio a la esposa de Damián, por su tacañismo y su melena imposible) no le hacía gracia que yo lo contara, pero hay que dar cuenta de lo que los cuarentones se empeñan en hacer en ciertos momentos de crisis de identidad, para que no les pase como a Julito Iglesias, que tropezó dos veces con la misma piedra(subidubá), aunque mal, mal, a él no le ha ido.

12/09/2014

CARTELERA CULTURAL: PICNIC POR HUEVOS

Título: Picnic por huevos
Género: Thriller apoteósico sobre la pubertad
Duración: 6 horas de tiempo real, hasta que se hace de noche
Director: Pepe de Sevilla (basado en sus vivencias veraniles)
Actores: Wilhem Aronso, Gemeliers, Charlot Marrinée, Aran Zazú, Ana Meg, Mary A. Scan, Clarissa M. Scan, Amelia Abril, White Grajeas, Mary A. Grajeas, Rebel Mira, Juano Rerro, Pat Lowel, Mary A. Montes, Hanna Montes. Creo que no falta nadie.
Actores secundarios: Georgee Moto, Pepe de Sevilla, Tony Courtis JR, Rebecca.

Un grupo de quinceañeros que veranean en Tigretón de la Rivera  decide montar una pandilla en el año 1994, inspirados por Verano Azul. Las chicas son pocas y con un pavo exagerado, los chicos son numerosos y su única diversión, aparte de interpretar canciones de Metallica y Gun’s’n’Roses en la guitarra y quejarse de la vida en general, es hablar una y otra vez de los golpes humorísticos de la película La Vida de Brian. 
Wilhem a día de hoy,
en su trabajo como pintor
de brocha gorda
En este confuso contexto, las chicas son invitadas a un picnic en casa de la tía abuela de Wilhem, uno de los chicos, que además, está plagado de pecas. Mientras todos beben ponche sentados a la fresca de la piscina, Wilhem, preocupado por el poco interés que muestran las mozas sobre las finezas del film de los Monty Python, se acerca y se acuclilla frente a ellas con su mejor intención. Lo que ocurre a partir de entonces es lo que convierte este film en un thriler psicológico. La cámara toma el puesto de los ojos de cada una de las chicas, quienes simulan no ver nada de lo que tienen ante sí: maracas y chistorra venezolana, en una cantidad que hasta ahora no era ni imaginada por ellas. Wilhem, muy seguro de sí mismo, se esfuerza por hacerles entender dónde está la gracia de cada uno de los chistes. Sin embargo ellas, con la tensión descompensada, tratan de que no se note el estado de estupefacción y sopor ante la panorámica que se les presenta, y fingen asentir cuando en realidad querrían decir “aparta eso de mi vista”, “ponte una redecilla en el bañador”, o “¿quieres cita en la depilación?

Muy angustiosa y frustrante, esta película alarga el momento de angustia máxima hasta que al fin, se hace de noche y la visión feroz del package al fresco se difumina en la oscuridad. 

La clave de la película radica en la frase de uno de los chicos de la pandilla, Gemeliers I, quien le dice a su gemelo antes de saber si las chicas se animarán a venir o no al picnic: "tienen que venir POR HUEVOS". Esta frase cubre de tintes premonitorios lo que está a punto de pasar. 

4/17/2012

Gavilán o Paloma

Queridos pajarracos,

he estado ausente como blogger y como creativa de la estupidez. Un auténtico desperdicio de ideas pasajeras, de las que no vuelven. Pero tengo mis razones.
He estado observando el mundo, como cuando un niño chupa un helado colgado de un columpio por la barriga y guiña los ojos al sol al tiempo que gorgea como un mirlo. Ese tipo de ensimismamiento con que un tendero mira al horizonte pasmado después de que un cliente le haya preguntado por el precio de varios productos, y se haya ido sin comprar nada. Ese gesto de pócker de cuando miras la nómina del mes y compruebas que el pago de horas extras será siempre una utopía.
He pensado y observado tanto, que he sacado una grata conclusión: dejaré de observar y me pondré a escribir de nuevo. O, en otros términos : no mires al cielo, a ver si una paloma urbana te va a cagar en el ojo. O un Gavilán Palomo.

2/18/2011

la receta de los huevos pardos

Tengo que confesar que, aunque no me gustaba lo que era el trabajo, echo de menos mi antiguo puesto de asistente en la empresa de miniaturas Planksa. En Planksa lo pasábamos tan bien, que a veces olvidábamos que aquello era un trabajo. Una de mis compañeras,que estaba como una regadera, Maruchi, odiaba a los hombres. Le habían hecho tantas pifias en la vida que ya no se fiaba de ellos, y estudiaba en la universidad a distancia diferentes cursos sobre magia blanca y ciencias oscuras que ponía en práctica con los tipos que la habían jorobado.
Una buena mañana nos mandó esta receta, "huevos molidos", su tesis final de la asignatura "vudú sano y natural". Aquello nos hizo reír tanto, que uno de nosotros se meó encima (no delataré a nadie, Rober).
Aquí os paso la receta, voy a achicar la letra, por si a alguno le duele sólo de leerlo.

Huevos molidos

  • Córtale los huevos a un toro
  • Escribe el nombre del tipo que te dejó en una palangana
  • Pon los cojones del toro en la palangana
  • Machaca con fuerza mientras pronuncias el nombre del portero de tu casa, el que te cae mal
  • Licúa los huevos en una Moulinex mientras gritas el nombre de tu primer noviete, el que se enrolló con tu mejor amiga
  • Sal a la calle y pártele las pelotas a un poli de una patada
  • Come huevos cocidos de cena
  • Duerme soñando con Igor, el del jovencito Frankestein y sus ojos de huevo
  • Despierta, y si viene la poli a preguntar qué es ese olor, dales a beber los huevos de toro y huye lejos.

[En la imagen: unas ardillas presenciando la castración de un toro a través de la ventana del centro veterinario "animalada"]

2/08/2011

noticia recortada de la prensa seria

El alcalde de un pueblo de Navarra al que le iban mal las cosas con sus votantes, ha decidido regalar a cada uno de los vecinos mayores de 22 años una mascota. "De este modo me gano la confianza de quienes habían perdido la esperanza en mi partido, "NDA" (Navarricos De los de Antes)", declara este alcalde joven, de sólo 63 años de edad.
Burros, tortugas acuáticas, alondras, gorriones, palomas traídas de la ciudad y algunos chuchos del refugio de animales de Castilla la Mancha, han sido los animales escogidos por el NDA para ser repartidos por todo el pueblo.
"Yo no sé que vamos a hacer", nos cuenta una mujer de la cuenca baja, "a la mañana nos hemos encontrado cada cual con una bestia en la puerta de nuestras casas y, si ya nos iba mal, como para tener otra boca que alimentar. Para colmo me ha tocado un mono guitarrista!". "Este tío es imbécil", nos dice otro vecino, sin mas. "Yo soy alérgica, quien va a pagarme el tratamiento?", admite la estanquera.
A mitad de la tarde ha venido lo peor: algunos palomos, un periquito y una lechuza soriana, se han liado a picotazos con la mujer del alcalde, quien ha tenido que confesar que, ideas como ésta, de su marido, venía aguantándolas toda la vida. " Esto es como el negocio que se le ocurrió de percebes de gominola. Pero qué niño va a querer lanzarse eso a la boca por placer???"
Y así sigue la cosa...

(En la fotografia, una foto del alcalde customizada por una tal F.G., después de una partida de dominó )

2/04/2011

CLUB DE JUEGOS DE MESA

Es cierto que, en la novela Gavilán Palomo, reúno una gran serie de eventos y acontecimientos tremebundos que acaecieron en sólo ocho días en Mirroque de Mar. Sin embargo, es también cierto que, hechos para salir corriendo ocurren todos los días, sin que sea necesario trasladarse a un pueblo de la costa alicantina, o sin siquiera estar saliendo de la edad del pavo.

Un ejemplo abominable nos ocurrió a dos compañeras de mi clase de “cocina con canela en rama” y a mí misma en Silver Spring, Maryland. Una tarde hacia las seis, de las que llaman los americanos “noche” sólo porque está oscuro, se nos ocurrió adentrarnos en los bajos del bloque de edificios donde vivíamos, y comprobar de qué se trataba lo que los carteles de la escalera interior venían anunciando toda la semana, insistentemente:

CLUB DE JUEGOS DE MESA. ANÍMATE A VENIR Y CONOCER MEJOR A TUS VECINOS.

Rachel , Jennifer y yo, nos acercamos tan campantes y contentas, y deseosas de descubrir al hombre de nuestras vidas en aquel club del juego. Sin embargo, una vez más, la sorpresa llegó a nuestras vidas y nos hizo entender de qué va la vida:

Cuatro tipos que podrían ser Santiago Segura, Alex de la Iglesia, Assumpta Serna convertida en hombre y de nuevo en mujer, y Kim, la azafata del un, dos, tres, nos esperaban con sonrisas abiertas, pero del estilo “suplicantes”. Ates de que pudieran darse a conocer como los freakies que eran, habíamos desaparecido de sus mentes de juego de rol.

Aquel día maduramos un poquito más, entendiendo que el horno no está para bollos, que las mariposas sólo viven un día, y lo poco que tarda una mujer menos de treinta años en aprender a correr como una atleta olímpica para llegar cuanto antes a su casa (o al Starbucks).

(En la imagen, las fichas de un juego de mesa que reposaba junto al vecino que se parecia a Kim, la del un, dos, tres. Creemos que podrían estar hechas con auténticos animales disecados o con cerumen humano)

1/28/2011

CARTELERA CULTURAL

Título: Un sábado de sabuesos
Género: Fanfarronada
Duración real: hora y media.
Sensación de duración para el espectador: cien años.
Actores: Tobi, Rufo, Charley, Golfante y Fiera.
Actores secundarios: Amelia Guau
Estrella invitada: Lassie (como perra del quiosquero)

Varios perros vecinos del barrio de Moncloa comienzan a tramar una revolución para conseguir la independencia y la proclamación de sus derechos. Es el año 2090, y los perros se han convertido en un simple asunto decorativo. Los niños juegan con mascotas robotizadas y a los perros simplemente se les da de comer, se les pasea, se les recoge las cacas, y se les da palmaditas antes de ir a la cama porque está de moda.
Las primeras charlas para la revolución comienzan en el parque de Oeste, mientras simulan acercarse a olerse los traseros unos a otros.
Finalmente, el día planeado para el golpe, en que se supone que todos los perros debían escapar de su paseo matutino y reunirse frente al ayuntamiento con pancartas confeccionadas con cajas de pienso y ceras Manley, cae una gran nevada y ningún ciudadano sale de casa, ni con perro ni sin él.
Una película sobre la impotencia, la desesperación, y las vidas truncadas de los sabuesos de la comunidad de Madrid en el 2090.

(La fotografía muestra a los protagonistas, la perra Reme y el perro Achús, observando atónitos la fortísima nevada que les impide salir de casa y trunca su destino para siempre)