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| Stuart, el queso irlandés, en COU |
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| Stuart en 2024, en la estación de Ciudad Real |
Después de una hora de paseo con sus ovejitas, que a penas nos permitían avanzar porque Stu les daba "chuches para perros" a cada paso, y ellas se lo sabían, nos fuimos a tomar algo a la plaza del pueblo. Mientras me contaba teorías sobre engordar a las merinas para sacar más lana, yo seguía buscando al viejo joven Stu entre la barba y el atuendo, y me daba cuenta de que oírle hablar me daba dolor de cabeza. Me agobié pensando que no tenía escapatoria y, sin saber cómo, me puse el móvil en el regazo y le envié este mensaje:
ESTOY CON UNA CITA EN TU PUEBLO. RESCÁTAME.
Al segundo se oyó un pitidito en su móvil y paró el monólogo, girándose para mirar disimuladamente y leer el mensaje que yo acababa de mandarle. "Me vas a perdonar, Mina, pero tengo que ir a socorrer a una amiga que está en apuros. Gracias por venir". Y se largó con viento fresco en su moto de pacotilla. Yo tuve el descaro de decirme en alto "qué sinvergüenza".
Al rato llegó él de nuevo, peinado para atrás, con la barba recortada y oliendo a jabón de Marsella, con otro atuendo más atinado. Abrió los brazos, nos besamos y me preguntó qué hacía allí. "No sabes bien, he quedado con un antiguo compi de instituto, uno que vino de intercambio. Desmejorado a tope, no callaba, y ahora le ha dado por ser pastor..." Comenzamos a recordar los tiempos del instituto y me llevó a un parque muy bonito y me contó que iba a clases de claqué. Trató de hacerme un pasito allí mismo, y al repiquetear los pies contra el suelo, se hizo un lío y se cayó de bruces. Tuve que levantarle con ayuda de dos mujeres de Cáritas que estaban con la hucha. Aquello fue demasiado y no me quedó otra que ponerle otro mensaje de socorro. Él lo miró a escondidas y se largó de nuevo para volver vestido de escalador, con bigote. Le conté todo lo ocurrido y me llevó al monte, donde me enseñó a hacer los nudos de escalada más importantes y cómo ponerme los pies de gato. A la media hora me dolía la cabeza con tanta teoría e hice de nuevo la jugada. Y otra. Y otra más. Él apareció vestido de hombre de negocios, en otra ocasión me presentó a su abuela, y en otra se plantó allí con un autocar lleno de jubilados. Consiguió aburrirme todas las veces y al final tuve que llamar al panadero de debajo de casa y decirle que me sacara de Almagro y de la provincia de Ciudad Real. Aquella cita circular me afectó seriamente porque el Stu de mis sueños era claramente el de mis sueños, y aquel Stu y todas sus versiones, no. Y el panadero, aunque se lo curró aquel día, tampoco.
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| Stu, en su última versión, como conductor de autocares Julià |




