La pasada noche Morfeo vino a mí para mecerme en sus brazos oníricos y luego abofetearme bien fuerte. Pero eso sólo fue la primera parte del sueño. Yo lo interpreté como un aviso, una metáfora de lo que me esperaba: un sueño si no malo, al menos inquietante.
![]() |
| Yo misma en mi sueño (donde aparecía como un hombre robusto), hablando con mi prima, Pili Grossa. |
Me encontré de pronto en la estación de Atocha esperando un tren hacia Lisboa, una de mis ciudades favoritas (a parte de Madrid y Chinchilla, poco más conozco). Yo parecía emocionada con mi viaje, y mientras hacía tiempo sentada en un sillón de esos que te dan un masaje por 50 céntimos, vi pasar primero a Mark Ruffalo y después a varias tortugas en fila india salidas del estanque artificial de la estación. Una de ellas me miró y me dijo que era mi prima, Pili Grossa, y que si nos íbamos de compras a Humana, que había descuentos en prendas interiores. Salí huyendo asustada, no por que Pili fuera una tortuga, sino porque tenía la voz de Quique San Francisco. Al llegar a mi andén apareció un ser peludo y enano a mi lado que me decía: "¿Y si coges el tren en dirección opuesta? Vamos, cambia de aires. Vamos, atrévete. Vamos, confía en mí. Vamos, échale valor. Vamos que nos vamos, ¡otra muñeca chochona!" Y en ese instante en el que el tono de la frase se convertía en el de un feriante de tercera, me desperté sudorosa en la litera de mi buhardilla-estudio. Ya debajo de la litera, en la chiki-cocina, tomando leche con Eco y recomponiendo el sueño, me di cuenta de algo que me erizó el vello de los muslos: justo en dirección opuesta a Lisboa se encontraba Mirroque de Mar.






