"Espinete, ¿te vienes a la panadería de Chema?"
Don Pimpón, 1985


1/20/2016

SUSTITUCION OFICINESCA


La semana pasada he estado sustituyendo a mi amiga Mona, que se ha roto una pierna, en su trabajo de oficina. Algo aburridísimo, sobre todo en lo referente a perseguir a clientes para que paguen lo que deben.

Os retrato una conversación real por teléfono, tratando de contactar con la gestora de pagos de unos conocidos grandes almacenes:

-Holaaaaaaa! ¿Está Consuelo?
-Y con Pared. Qué gracia, ¿no?
-¡Hombreeeeeeeeeeeeee! ¡Raúuuuul!
-¿Quién llama? ¿Es una broma?
-No, soy Mina Patuco. La que no es Mona. La de la PLAC S.A., los fabricantes de fajabragas, que no tenemos nada que ver con PLAXA S.A. aunque suene parecido...
-¡Si, sí! Por favor, basta, ya lo he entendido.
-Si no hay nada que entender, hijo. Bueno, ya me estás poniendo con Consuelo.
-Ya lo pillo. Es por ella por quien preguntas.
-Qué locuaz.
-Un momento a ver si no está en el servicio  ni en el desayuno ni en la comida ni haciendo algo por lo cual no pueda atenderte.

Se cree que desconecta, pero se oye todo:
"Se oyen patatas crujientes en
la boca de Consuelo mientras habla".

-Consu! Es la plasta de PLAC. Una de las dos. ¿La mando a tomar por culo según el plan acordado A o el B?
-¡El B, por favor! El A ya se lo saben.
Se oyen patatas crujientes en la boca de Consuelo mientras habla.

Retomando el teléfono, Raúl:

-Hola Mona.
-Es Mina.
-Eso, Maura. Está vomitando, que hoy le han sentado mal los entremeses.
-Ok, pobre... Pues que me llame cuando se acabe las patatas.
-Sí, claro, enseguida. 
-Pero que lo haga, ¿eh?

-Que sí, que sí, hasta pronto Mica…

Mi sustitución ha terminado, y Consuelo nunca llamó de vuelta. Le deseo suerte a Mona, así como que le toque pronto un pellizco en la lotería para largarse de allí cuanto antes.



12/09/2015

BRUNCH EN LA ALCOBA DE PILI GROSSA



Desde que ardió su ebanistería, Pili Grossa se embarcó en un proyecto de decoración como ebanista, y todo han sido éxitos. Ver algunos cafés de la ciudad decorados íntegramente de mimbre me llena de admiración. Su última creación ha sido su nuevo piso en el centro. No preguntéis cómo, pero hasta la ducha y el inodoro son de cestería. 
Uno de los chicos de los
pósters de Pili Grossa, con
un tanga de cestería elaborado
por ella
Aparecí allí el lunes pasado con los niños a los que cuido para pagar los gastos de mi buhardilla. Los dos renacuajos llegaron y comenzaron a enredar. Pili me advirtió que tendría que mantenerles a raya, porque algunas habitaciones estaban hechas de una sola pieza, y si tiraban de una tira de mimbre de, por ejemplo el armario, podían deshacerse paredes, suelo, cama y hasta lámpara de noche. Decidimos dejarles un móvil y no volvieron a molestarnos. Nosotras comimos en la alcoba, que es el nuevo despacho de Pili. Me fijé en que tenía varios pósters de tipos desnudos y me explicó que está haciendo un curso de pintura al natural “es lo más parecido que he encontrado a un modelo real” me explicó. 
Le pregunté si lo suyo con Ken Lafollé había terminado, y me dijo que sí. Que ahora a él le ha dado por la comida macrobiótica y está más interesado en el origen de las castañas pilongas que en el depilado brasileño de Pili. 
“Hay que ver, prima” le dije, “las vueltas que da la vida, creí que envejeceríais juntos”. “No tantas. Al fin y al cabo sigo rodeada de mimbre y hombres interesantes y tú sigues en esa buhardilla, soltera y haciendo trabajos rarísimos”. Miré a los hombres interesantes a los que se refería (las fotos de tíos en pelotas de su armario) y le di la razón, aunque por supuesto, sin estar 100% de acuerdo. Como no me vio muy convencida, sacó una foto de las dos cuando teníamos 7 años el día en que disfrazamos de Cindy Lauper a Conchi, la perra de nuestra abuela. “¿Ves? Estamos igualitas”. Pili Grossa siempre ha sido exageradamente positiva, así que le di la razón again, cogí a los niños con principios ya de epilepsia, y me largué con viento fresco. De camino a casa, les dije contagiada de optimismo: “soy como vuestra hermanita mayor”. “No lo flipes, Mina”, me dijo el de 11 años, “pareces más la hermana de mi abuela”. 
No tengo más que añadir.

12/01/2015

SILENCIOSO CUMPLEAÑOS

Sigo poniendo orden en mi buhardilla exterior, archivando todos los papelotes de mi pasado, lúdicos y profesionales. He encontrado esta perla, este poema feroz que escribí en mi cumpleaños de los 23 (hace sólo tres años), cuando trabajaba en aquella oficina apestosa pero con un buen porcentaje de gente guay:


SILENCIOSO CUMPLEAÑOS

Quise mantenerlo en secreto
ante toda la oficina,
ya que el año anterior
las orejas escocidas
de tanto tirón
¡Ay, ayyyyy!
gritaba con todas mis fuerzas,
pero no me oían
aunque la que me quedaba sorda a tirones era yo.

Cumpleaños feliz
      me susurró el jefe
              mientras pasaba
  chasqueando los deditos
en dirección al baño.

Gracias
quise decirle esta vez,
pero él ya estaba fuera de mi alcance
Esperé
     y esperé
         y esperé
                   …
                      …
                         …
Hasta que media hora más tarde
y con el periódico 
bien doblado 
bajo la axila
Mi antiguo jefe,
el día en que quiso felicitarme
salió el jefe
del aseo de caballeros

Gracias
repetí
esta vez ante él.
Y él
quiso extenderme la mano
para felicitarme con honores.
Entonces
no pude contenerme:

LA MANO DESPUÉS DE ESTAR MEDIA HORA CAGANDO NO TE LA DOY

Y con esta frase
gloriosa,
directa,
atrevida,
le dejé
          rojo como un tomate
                    ante toda la oficina


Imagino que sabréis lo que vino después. Hice mi cajita de recuerdos y salí de allí en busca de un nuevo trabajo. Lo mejor que me ha pasado nuca.

11/04/2015

COMIDAS DE OFICINA


Ayer me llamó una antigua compañera de trabajo, de cuando jugué a ser oficinista por un tiempo. Me comentó que les habían quitado la hora de la comida debido al volumen de trabajo. Ya ni comer pueden. Recordé mentalmente lo importante que venía a ser nuestra hora de comida por aquel entonces, os hago un croquis:
  • 14,30 hrs: miradas en la oficina haciéndonos conscientes las unas a las otras de que ya es hora de ir a comer, y de que tenemos hambre.

  • 14,35 horas: Paseo por las aceras del barrio a velocidad media-alta, cigarrillo en boca, risas, comentarios picantes, flirteo con los obreros de la zona. 

  • 14,37 hrs: llegada al lugar. Pequeña parada ante el menú de la puerta mientras se finiquitan los cigarrillos.

  • 14.38 hrs: entrada triunfal en el pub irlandés. Apreciación de miradas de los camareros extranjeros, que babean a nuestro paso.

  • 14,40 hrs:  Orden del menú.

  • 14,41-14,55: charlas, risas, concurso de muecas, mantequilla e irish bread, filosofía metafísica. Gran sorpresa estelar: R. cantará a capella y a media voz un tema de Melody.

  • 14,55 hrs: aparece la comida y vamos a destajo. Comentarios sobre qué está más rico. Debate: ¿gambas con gabardina o soufflé de sardina?

  • 15,15 hrs: orden del postre.  Estallido poético: lectura de varios poemas irracionales, mejor si son de cosecha propia, si no, de Bukowski o de PJ Harvey, que para el caso son lo mismo.

  • 15,20: Llegan los postres. Juego de enseñar los dientes marrones de chocolate, quien se ría pierde.

  • 15,30: Sopor y aturdimiento. Risa floja. Blasfemias, barbaridades, renegamos de volver al trabajo, imaginamos cosas ridículas sobre la oficina como por ejemplo que todo el mundo fuese desnudo y que los tíos empleen la salchicha para poner en marcha la impresora. Risa floja con riesgo de atragantamiento.

  • 15,40 hrs: seguimos esperando la cuenta. No nos importa la tardanza.

  • Uno de los obreros que solían
    mirarnos al pasar, concentrado en
    no dejar caer media docena
    de huevos recién comprada
  • 15,45 hrs: pago y vuelta al curro por las aceras del barrio a velocidad muy baja, renegando del trabajo, cigarrillo en boca, risas histéricas, ni fijarse en los obreros de la zona. 
Imagino que muchos de vosotros reconocéis una parte o el todo de esta hora de comer. Aunque ha pasado el tiempo (mucho antes de trabajar en la carbonizada clínica de pies) lo recuerdo con cariño, excepto el día en que los antidisturbios nos confundieron con pandilleras consumidoras de LSD a la salida del pub.

Espero que cada cual tengáis momentos tan tiernos como este en el trabajo. 


10/19/2015

Confesión poética


Recientemente me he inscrito en un centro de voluntariado municipal donde estoy impartiendo un cursillo "la confesión a través del poema espontáneo". Una pareja se ha lucido, ella es vendedora de bolsos en el rastro, y él rejonero. Os dejo una hermosa carta-poema que ella le dedicó a él este sábado en clase, la noche antes de perderse en el rastro y desaparecer para siempre:

Querido Adam (Adamasio)

Me encantas de día,
pero sobretodo
de noche con la luz apagada.
De ese modo
puedo imaginar que eres otro,
Bolso gallináceo, en el que se cree
que huyó la autora del poema.
Fue comprado por la mismísima Tina
Turner, que estaba de turista por Madrid.
de ese modo
puedo soñar que Brad Pitt
es quien ronca a mi lado
y no me toca un pelo
desde hace siglos…

Adam de mi alma,
rejonero mío
ni el toro ni la vaca
te hacen daño
pero a mí sí me lastima
tu vestimenta
a lo Bertín Osborne;
cuando lo veo,
daría el suelto de mi monedero
por caber en uno de mis bolsos
artesanales,
y por el arte
de Bilry-Birloque
desaparecer dentro

Adam, querido,
quiero ser sincera
como una vela
consumida (sin-cera)
y decirte a la cara
que te tengo cariño
pero no me pones
nada
nada
ada
dada
dubi
dubá


Analía J. Rimsey

9/22/2015

El rapto de Mina 2

Nunca sigo los consejos del panadero del barrio, que siempre me dice que vaya con la boca cerrada por si me entran moscas. Esta vez tuvo razón. Algo me entró por la boca cuando estaba a punto de llegar a una entrevista para una tienda de encurtidos orgánicos (la clínica podológica explotó, os contaré la historia en otro post). Noté enseguida que lo que creí que era un bicho, se me colaba por la garganta, y a partir de ahí no recuerdo más. Lo siguiente fue despertar en una horrible sala de estar, decorada con reproducciones a láser de cuadros conocidos, como la Gioconda, junto a otros desconocidos, como un retrato de Emilio Aragón. 
Cuadro de impresora láser sobre
canvas de plástico de Eugenio,
 colgado junto a un retrato del Greco. 
Aquello me azotó los sentidos y se mezcló con el temor de no saber dónde estaba ni por qué llevaba un albornoz de 1983, zapatillas de peluche con cara de San Bernardo, o que mis manos estuviesen amarradas detrás de la silla en que me habían sentado. 
"¡Mami!" grité, por si alguno de mis hermanos se estaba vengando por rencillas de la infancia. 
Comenzó a sonar la banda sonora de Grease estilo megamix, algo que quienes me conocen saben que me cabrea. 
Pensé en aquel barquillero al que le lancé la ruletita por los aires hace años. ¿Habría conseguido localizarme? También me vinieron a la cabeza un par de ex novios a los que tuve que rechazar porque querían hijos míos. A continuación aparecieron Ana Obregón y Belén Esteban y se pusieron a jugar a Miliquitubi delante mío, desafinando a tope. Y como guinda, ¡un mimo hacía el numerito de "atrapado en el cristal"!
A punto de sufrir un colapso nervioso, volví a mirar las paredes tratando de encontrar alivio para mis ojos. Esta vez me fijé en las Tres Gracias de Rubens junto a un retrato de Jorge Javier Vázquez en un paraje similar, pero desnudo y acuclillado haciendo la rana.
Sólo había dos posibilidades que se me ocurrían: o un grupo de artistas dadaístas trataba de hacer un collage con mi cerebro reventado, o Gavilán había vuelto a la carga.
"Loreto Tinoco" dije, "sé que estás ahí y que has sobrepasado la edad de jubilación". Entonces, unas manos como pasas de California me acercaron desde atrás un trapito con olor...
Desperté en casa, aún con el albornoz, las zapatillas de peluche y una nota escrita en un lienzo al óleo: "HABRA MAS". Gavilán sabe dónde vivo, conoce este blog, sabe de mi éxito como humorista de alterne, y no lo soporta. 
Identifícate Gavi, ¡hablemos!
Por cierto, la entrevista me la repiten mañana...

9/08/2015

ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES

Una tal Epifania, vecina del barrio sesentona y algo lunática, me habló el otro día de una intérprete de animales con la que podríamos probar una sesión. "¿Una intérprete animal?" le dije, tratando de esquivarla a la salida del ascensor, "¿para qué?, ¡si soy alérgica!" "No tienes ni idea" me dijo rascándose la cabeza "he conseguido que el nieto de una amiga me pegue los piojos" soltó, como si aquello diese sentido a su propuesta. Mi careto seguía confundido. "¡Ellos podrán decirle a la intérprete qué demonios tengo en la cabeza! ¡Debo encontrarme a mí misma!" Era el colmo de la estupidez, pero sobretodo de la ingenuidad. "¿Estás de coña?" Tan de coña que me convenció para contagiarme los bichos y preparar los 50 euros para ver qué sabían de nosotras.
La intérprete era una chica modernaca a tope. Nos pidió que nos sacásemos un piojo cada una y los guardó en una pequeña urna de cristal con toque oriental. Luego colocó el piojo de mi vecina en un cristalito y lo puso en el microscopio. "Debo mirarles directamente a los ojos para comunicarme con ellos" nos dijo. "Pero qué coj..." empecé a decir al tiempo que Epifania me tapaba la boca. "Calla y espera. Ya en tu turno te quejas, magencia".
El piojo que chivó las
intimidades de Epifania
Después de veinte minutos en silencio viendo a la modernaza mirar por el micro como si fuese una científica poseída, ésta cogió una hoja y escribió como en trance muchas cosas. Dobló el papel, se lo dio a Epifania y le cobró los 50 pavos. "Ahora el tuyo" dijo. "Wait. Quiero ver lo que me espera" atajé. Desdoblé el papel de mi vecina antes de que ninguna de las dos pudiera intervenir y leí en alto:
"ESTA MUJER TIENE LA SANGRE VIEJUNA Y ALGO ESPESA. SE PASA LA VIDA PENSANDO EN QUE MODELO DE CONSOLADOR VA A PEDIRSE POR REYES Y..."
Epi me quitó el papel de inmediato. Nos quedamos sin habla, y la intérprete como diciendo "¿ves como funciona?" Pero Epi se puso el bolso hippi, como si no fuese con ella, y me dijo "vaya timo. Sólo ha conseguido sonsacarle un episodio de mi pasado al piojo de los cuyons. No me cansaré de hacer cursillos hasta saber exactamente quién soy". Eso me dio qué pensar. Gente desesperada por encontrar actividades originales a las que apuntarse, a cualquier precio. Aunque se ve que algo -algo- le había sonsacado la intérprete al piojo.