Este año, sin embargo, la tranquilidad se disolvió como un Alkaseltzer cuando alguien aporreó la verja del jardín, que para colmo ya estaba abierta. "Es la senhora Palmer dos Santos, de nombre Regina" exclamó Ben, y antes de que yo pudiera preguntar a qué venía esa pronunciación excesivamente portuguesa, una mujer centenaria pero fuerte como un roble y coja como un balancín se encontraba ante nosotros, armada con unos mom jeans del 82, guantes de jardinería y corte de pelo como un marine. "Benito, filho" dijo en portuñol "¿Me jecuejdas?" y Benny no pudo disimular: claro que la recordaba. "Eu te podo o árbol y tu pagash a mí sien eurosh". Comprobé que Benny es bastante flojo con las viejas o tal vez muy buena persona, porque aceptó. Entonces, Regina Palmer dos Santos Ribeiro se metió en el cobertizo como Pedro por su casa y sacó la escalera de cinco metros y la cargó, rechazando nuestra ayuda, con su cadera dislocada, cojeando, hasta el árbol a podar, y se las ingenió para subir el descompensado cuerpo hasta arriba y ponerse a talar con un hacha de mano.
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| Ben y yo comiendo palomitas mientras observábamos a la Senhora Palmer dos Santos hacer malabarismos en lo alto de la escalera |
En cierto momento Ben le dijo que bajara a tumbarse en su hamaca, porque no podía dejar que una mujer de su edad estuviese haciendo ciertos trabajos. Entonces él cogió el hacha y cortó todas las ramas sobrantes y algunas más con su musculosa anatomía de deshollinador. Observé a aquella anciana contrahecha que sin duda había desempeñado de forma real aquel duro trabajo durante muchos años y pensé en la suerte que tenía de tener a Ben entre sus clientes. "Mi melhor cliente" me dijo rematando la segunda cerveza. Eso pensé yo. La suerte que tenía la muy pájara y la que tenía yo, tumbada en aquella hamaca que la madre de Ben había tejido para todos nosotros. Sin embargo, cuando aquel amasijo de músculos terminó la faena, se acercó sudoroso a nosotras, nos miró casi por igual, y sentenció: "no puedo tener más suerte".


He llorado como una magdalena recordando que esta adorable anciana lleva fingiendo podar mis rosales años por ciento cincuenta euros, cuando lo que hace realmente es cortarlos de cuajo por el tallo en un minuto y pegarse luego un baño de tres horas en mi jacuzzy. Pero todo se lo merece porque existe un halo de dulzura en toda ella y porque trabajó para el ejército y lleva una verónica en el bolsillo trasero, no estoy segura de que sea para podar.
ResponderEliminarSandra Mattica
Yo apuesto a que Regina Palmer dos Santos Ribeiro se llama en realidad Rocío de la Roca y que probablemente sea de Jaén. He visto comportamientos como este cientos de veces, soy funambulista y desde arriba se pueden percibir cosas que de otro modo nunca percibiríamos, como cuándo alguien no se llama como dice o la provincia de origen.
ResponderEliminarNo tengo nada más que decir,
Calixta Rada
Comienzan los ataques y el haterismo cuando deberíamos fijarnos en lo que está pasando en los parques: ancianas como la protagonista tiran cientos de migas de pan al día a ardillas y palomas, pan que podría reutilizarse para hacer miles de torrijas que podrían redondearnos a todos un poco más. El mundo se está volviendo loco y aquí la peña hablando de funambulismo y de kacuzzys. Basta de tanta hipocresía!!!
ResponderEliminarPaul Vazzo
El mes pasado me pusieron carillas en los dientes y mi vida cambió de tenerlos marrones a blanco nuclear. La gente ya no fruncía las cejas al verme sonreír y mis compañeros de trabajo me avisan ya al after hours. Una vecina me invitó a salir y volví a darme el filete como cuando tenía 16 años. Llevaba siglos sin ligar, y acabamos en el sofá de su casa listos para darle al mambo. Entonces, ella dijo que prefería quitarse el puente de los dientes porque había descubierto que sin él todo era más placentero. Aquello me descolocó pero resulta que descubrí que con las carillas, todas las sensaciones también en mi caso habían decrecido. Decrecido. Ya me entendéis. Todo resultó un desastre. Mi colega Francis dice que eso no es por las carillas, sino por los 58 que voy a cumplir.
ResponderEliminarQuiero mis dientes marrones de nuevo. O mis 42.
Charly Mitado
Qué soez todo. Revendo unas entradas para un concierto de Juan Pardo de hace años. Uno siempre puede decir que estuvo allí y crear recuerdos que nunca han ocurrido.
ResponderEliminarKepa Sado
A Regina la conozco de todos los años en el festival de O sones do Nazare. Se cuela con su podadora y sube a lo alto del primer árbol que ve y pasa allí los 4 días mientras la gente le da palique y la alimenta a conciencia. Los músicos le dedican temas y algunos a última hora suben a colgarse en ramas cercanas. El año pasado olvidaron bajarla y parece que sigue allí donde una familia de cigüeñas la ha apadrinado y se ocupa de ella.
ResponderEliminarMi nombre es Sheila Betterjuice y, a parte de haber conocido a Charly Mitado cuando aún tenía los dientes negros, me gustaría saber cómo minimizar los ácaros de las cortinas del comedor.
ResponderEliminarCuando Charly se puso las carillas es cierto que incluso su pestilencia desapareció, pero con ella, también su esencia bonachona y sin posibilidades. Ya no hay utenticidad en nada, ni siquiera en un flan con nata.
Kika Zurra
Por aquí Bosco, el primo lejano de Benny escribiendo desde su hamaca chirriante como tuiteando desde el water. Una aclaración, mi cousin puede parecer un tipo afable y campechano pero la realidad es que bajo esa apariencia de estoico fan del ahorramas y txapela vasca que nadie sabe porqué se pone ya que nació en Matalascañas, transmite unas señales encriptadas a la nave nodriza que está apunto de invadirnos. Después del Covid, la tercera guerra mundial, le han dicho que le tocaba a el anunciar lo de los OVNIS y está acojonado ser el representante reptiliano y además ahora que estaba tan de tranki con su pibita que le alteraba la transmisión de la frecuencia mental, su cabaña, sus pitis de liar y su paz. Menos mal que cuenta con Regina, una replicante que se ha traído del otro lado, de los suyos. La IA de los marcianos, para poner un poco de orden con esos pantalones hi-tech que tan pronto te albergan una alcotana como un botellín de Mahou. Aunque Regina es tan cazurra que Barragan se tuvo que divorciar de ella para poner un poco de orden en su vida. Aprovecho la oportunidad para tranquilizar a Paul Vazzo ya que en el planeta de donde viene esta gente se debate sobre el uso responsable de las migas de pan que desechan las palomas y confirmarte que las cocretas del bar YEYU se empanan con el susodicho.
ResponderEliminarDon Bosco Jones
Estimado Don,
ResponderEliminarCreo que deberías bajar a la realidad, sin IA, sin frecuencias, sin tecnologías. Te conozco de la UFIFI, la Unión de Feriantes Ilimitados Franceses o Ibéricos, y tanta intelectualidad avanzada me sorprende en ti, cuando lo tuyo era el tiro al patito o las colchonetas rusas.
Te quiere,
Candy Minuta
Hola, me alegra saber que no soy el único a quien le pasan estas cosas. En mi edificio hay un señor que todas las navidades viene a por el aguinaldo, solo que en vez de cantar, me fuerza a descalzarme para darme un masaje de pies. Me da un asco horrible, pero soy de carácter debil y no rechisto, soy como un manso corderito con pies. Le ofrezco el dinero sin necesidad de masaje, pero me dice que se siente sucio si no se lo gana honradamente. Cada año, mientras me unta el empeine y la planta con aceite de oliva, me juro a mi mismo que no volveré a dejar a este anciano acercarse a mis delicadas extremidades, pero en el fondo sé que, dentro de 365 días, volveré a tener sus esqueléticos dedos entre los de mis pobres pies, hurgando como palillos mondadientes, sus dedos Hernán Cortés y mis pies el imperio azteca, sus manos las del pizzero y mis pies la masa, su grácil técnica la del músico y mis pies el instrumento.
ResponderEliminarThor, el superhéroe
Hola, hace dos Meses mi marido y yo fuimos a una perrera a por un cachorro. El perro era una ternura, hasta que un día llegamos a casa después de ir a cenar y al abrir la puerta nos encontramos a Angel (Angelito) nuestro perro jugando en el salón al monopoli con tres perras. Desde ese día no sabemos qué hacer porque cada vez que llegamos a casa esto parece una perrera. Hace una semana llegamos y estaba el pequeño angelito disfrazado de superman a punto de saltar por el balcón ( habían hecho una fiesta de disfraces). Ahora le tenemos atado a la pata de la silla para que no pueda hacer ninguna de sus travesuras.
ResponderEliminarAtentamente,
Ajo zampón.
Por alusiones... las cocretas del Yeyu siempre las hemos rebozado con el serrín que recibimos a diario de Maderas Marbella en Guadarrama, al igual que puedo asegurar que los torreznos los compramos en Ahorramás.
ResponderEliminarPaqui Tamesas Pajas
RPdSR no lleva sujetador. En la foto se ve claramente.
ResponderEliminarConchi Vata