"Espinete, ¿te vienes a la panadería de Chema?"
Don Pimpón, 1985


3/08/2026

LA ACERTADA VISITA DE LA SENHORA REGINA PALMER DOS SANTOS

Cuando comienza el buen tiempo, Benito Camelas suele invitarme a su cabaña prefabricada en Fresnadillo de Atapuerca, en la provincia de Turlington Hills. Inauguramos los primeros calores con un bloody Mary de Ahorramás y nos tumbamos en las hamacas de punto de cruz que le teje su madre y que cuelgan de árbol a árbol. 
 Este año, sin embargo, la tranquilidad se disolvió como un Alkaseltzer cuando alguien aporreó la verja del jardín, que para colmo ya estaba abierta. "Es la senhora Palmer dos Santos, de nombre Regina" exclamó Ben, y antes de que yo pudiera preguntar a qué venía esa pronunciación excesivamente portuguesa, una mujer centenaria pero fuerte como un roble y coja como un balancín se encontraba ante nosotros, armada con unos mom jeans del 82, guantes de jardinería y corte de pelo como un marine. "Benito, filho" dijo en portuñol "¿Me jecuejdas?" y Benny no pudo disimular: claro que la recordaba. "Eu te podo o árbol y tu pagash a mí sien eurosh". Comprobé que Benny es bastante flojo con las viejas o tal vez muy buena persona, porque aceptó. Entonces, Regina Palmer dos Santos Ribeiro se metió en el cobertizo como Pedro por su casa y sacó la escalera de cinco metros y la cargó, rechazando nuestra ayuda, con su cadera dislocada, cojeando, hasta el árbol a podar, y se las ingenió para subir el descompensado cuerpo hasta arriba y ponerse a talar con un hacha de mano. 

Ben y yo comiendo palomitas mientras observábamos
a la Senhora Palmer dos Santos hacer malabarismos en lo
alto de la escalera
Solo dos minutos más tarde paró de lleno y sacó una cerveza que aparentemente debió estar en el bolsillo de su pantaca Lois, bebió media lata y con la otra mano sacó el móvil. Ben y yo observábamos tumbados en las hamacas de Woodstock 69, "como se caiga", "no lo hará", "¿cómo lo sabes?", "siempre es así", "¿la conoces?", "viene cada año. Necesita la pasta", "¿cuántos años tiene?", "ciento veinte mínimo", "¿por qué es coja?", "Se cayó de una escalera podando un árbol". Me llevé las manos a las rodajas de pepino que me había puesto en la cara. "Pero, ¿no la ves con la cerveza y el móvil? Se va a caer" "No le gusta trabajar" "Pero, ¿qué demonios está haciendo con el aparato?". Entonces, Benny recibió un mensaje, miró el móvil, soltó una risa contenida y me mostró: "Benito, soy Regina, asércate a falar con mego que me aburro". Antes de dar mi opinión, Ben se había colocado de un salto junto a la escalera y estaba "falando" con su podadora sobre el partido del atleti del domingo pasado. Ella hablaba lenta y tranquilamente, bebía sorbos de cerveza, aún manejaba el móvil con la otra mano y el hacha había quedado anclada en una de las ramas del árbol. 

La Senhora Regina Palmer dos Santos Ribeiro recién 
rescatada de lo alto de la escalera

En cierto momento Ben le dijo que bajara a tumbarse en su hamaca, porque no podía dejar que una mujer de su edad estuviese haciendo ciertos trabajos. Entonces él cogió el hacha y cortó todas las ramas sobrantes y algunas más con su musculosa anatomía de deshollinador. Observé a aquella anciana contrahecha que sin duda había desempeñado de forma real aquel duro trabajo durante muchos años y pensé en la suerte que tenía de tener a Ben entre sus clientes. "Mi melhor cliente" me dijo rematando la segunda cerveza. Eso pensé yo. La suerte que tenía la muy pájara y la que tenía yo, tumbada en aquella hamaca que la madre de Ben había tejido para todos nosotros. Sin embargo, cuando aquel amasijo de músculos terminó la faena, se acercó sudoroso a nosotras, nos miró casi por igual, y sentenció: "no puedo tener más suerte".