¡Mina!
¡Mina Patuco! Me llamaban a mis espaldas, como si fuese alguien de confianza,
tipo mi hermano o el pescadero. Al darme la vuelta, un rostro desconocido y
simple como una vela. Pregunté con la mirada y el chiquillo, sonriente y
emocionado, continuó con lo que era para mí una farsa. ¡Mina Patuco! Por el
amor de Dios... no tenía ni idea de quién era, pero ya me había plantado dos
besos y preguntado qué hacía ahí.
–Pues ya ves que trabajo en el catering - le dije señalándome con la mirada la
cofia y dándole a probar sushi de la bandeja que andaba pasando- soy escritora,
y por eso...
El tipo se rió como si acabase de contarle un chiste de Eugenio y al fin descifré la incógnita:
El tipo se rió como si acabase de contarle un chiste de Eugenio y al fin descifré la incógnita:
–¡Dospuntosnarizyboca!
–exclamé sin poder controlarlo.
-¿Qué?- preguntó, con la falta de expresión que le caracterizaba.
"Dos-puntos-nariz-y-boca era un chico de mi clase del instituto. Le llamábamos así porque si pintabas dos puntos, una nariz y una boca en una hoja, aparecía su cara, ni más ni menos. Ahora fingía que no le sonaba el mote. No le quise decepcionar, ni borrarle la sonrisa tan maja que tenía, pero es que tampoco me acordaba de su nombre.
-Bobby... -me aventuré.
-Manolo - me corrigió. Había estado cerca. Le pregunté yo qué hacía en la fiesta de Navidad de PQM y me dijo "soy consultor". Le di el pésame al pobrecito y me comí un escargot a su salud, tan aliviada me sentí de no estar en su pellejo. "Con lo simple que eras, Dosojosnarizyboca, y has acabado aquí, cuando podías haber sido perfectamente empleado de una papelería o taquillero de la Renfe; informático o técnico de laboratorio, cualquier oficio sin pretensiones, como tu rostro", quise haberle dicho. Pero se ve que la elección de su curro estaba relacionada con compensar precisamente aquella aburrida simplicidad. Una horita más tarde debía de seguir con el rollo de compensar en la cabeza, porque inauguró el karaoke cantando nada menos que "Soy un truhán, soy un señor", de Julio Iglesias Senior, mirando directamente de sus ojirris a mis ojos. Yo hubiera esperado algo como Creep, que iba más con quién era (o fue), pero al fin y al cabo, ¿por qué no iba a ser un señor? Al menos él no llevaba cofia.
Luego me lanzó un guiño desde el punto de su ojo y un beso con la palma de su mano que sopló y sopló hacia mí, tanto, que se mareó y cayó desmayado. Pude haberle rescatado y acompañado en su aventura karaókica igual que una vez estuvimos juntos en la palestra de clase de latín declinando el can, canis, pero pasé. Me esperaban dos horas de pasar bandejas y Dospuntosnarizyboca se disolvió en la fiesta, simplemente como uno más.
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Fotografía de Dospuntosnarizyboca realizada por Mina Patuco en la fiesta de Navidad |
"Dos-puntos-nariz-y-boca era un chico de mi clase del instituto. Le llamábamos así porque si pintabas dos puntos, una nariz y una boca en una hoja, aparecía su cara, ni más ni menos. Ahora fingía que no le sonaba el mote. No le quise decepcionar, ni borrarle la sonrisa tan maja que tenía, pero es que tampoco me acordaba de su nombre.
-Bobby... -me aventuré.
-Manolo - me corrigió. Había estado cerca. Le pregunté yo qué hacía en la fiesta de Navidad de PQM y me dijo "soy consultor". Le di el pésame al pobrecito y me comí un escargot a su salud, tan aliviada me sentí de no estar en su pellejo. "Con lo simple que eras, Dosojosnarizyboca, y has acabado aquí, cuando podías haber sido perfectamente empleado de una papelería o taquillero de la Renfe; informático o técnico de laboratorio, cualquier oficio sin pretensiones, como tu rostro", quise haberle dicho. Pero se ve que la elección de su curro estaba relacionada con compensar precisamente aquella aburrida simplicidad. Una horita más tarde debía de seguir con el rollo de compensar en la cabeza, porque inauguró el karaoke cantando nada menos que "Soy un truhán, soy un señor", de Julio Iglesias Senior, mirando directamente de sus ojirris a mis ojos. Yo hubiera esperado algo como Creep, que iba más con quién era (o fue), pero al fin y al cabo, ¿por qué no iba a ser un señor? Al menos él no llevaba cofia.
Luego me lanzó un guiño desde el punto de su ojo y un beso con la palma de su mano que sopló y sopló hacia mí, tanto, que se mareó y cayó desmayado. Pude haberle rescatado y acompañado en su aventura karaókica igual que una vez estuvimos juntos en la palestra de clase de latín declinando el can, canis, pero pasé. Me esperaban dos horas de pasar bandejas y Dospuntosnarizyboca se disolvió en la fiesta, simplemente como uno más.