Os dejo con la historia prometida, la que ganó el concurso "la primera vez que te colaste en la disco", y que completa el post de ayer. Es una apasionante historia con un final de traca.
La
primera vez que me colé en la disco fue persiguiendo a Carlos Chamizo, un
pijete de mi clase al que apodaban Pito de Oro. Chamizo o Pito de Oro, según te
dé, era el tío más bueno de todo bachillerato y ni aún tirándose pedos en
clase como el resto de los chicos perdía su atractivo.
![]() |
Chamizo Pito de Oro a la salida de Pachá, a punto de llevarme a su casa, en plena noche. |
Pito de Oro era
relaciones de una disco de renombre más que mundial. Las chicas nos lo
rifábamos, y yo especialmente perdía el culo por él. Me armé de valor, y pesar
de que ni tenía la edad ni la cara de pija que caracterizaba la fauna que
frecuentaba la disco, me fui para allá.
Cuando
estaba en la cola, me entraron ganas de hacer pis, y tenía hambre. En el bolso,
había media raja de salchichón que mi hermano pequeño había pegado jugando, y
me la zampé. Aquello me quitó las ganas de comer, pero no las ganas de hacer pis.
Llevaba desde las siete de la tarde haciendo cola, “ni que fuese un concierto
de U2” oí decir, eran ya las 10 y yo seguía con el baile de San Vito. De
pronto, comencé a pensar en la raja de salchichón porque me aburría, y me di
cuenta de que podría llevar en aquel bolso fácil varios meses, y que tal vez
estuviese envenenada por el cuerazo interior del bolso de segunda mano. La
tripa se me revolvió, y comencé a tener angustia, ganas de potar, de hacer pis…
era como si estuviese ya pedo, pero sólo con una raja de salchichón fermentada
y un chorrito de pis que no encontraba la salida.
Así de
pronto, la cola se agilizó, y llegué a la puerta con una cara terrible, el
portero me miró y me pidió el carnet, y cuando estaba a punto de explicarle el
truco de “se me ha olvidado”, ocurrieron dos cosas a la vez: vi a Chamizo Pito
de Oro, y poté (una pota ridícula, de solo medio salchichón). Me tapé la cara
para que Pito no me reconociese, pero lo hizo, y para mi sorpresa, pensó que yo
estaba borracha, algo que inmediatamente me catalogó como una tía guay (yo, la
pringada y empollona de la clase). Chamizo me recogió y me coló en la disco, me
llevó al reservado y me dijo “te traeré una tónica”. Me di cuenta de que el
pringado era él, sólo por no distinguir entre una pota normal y una pota de
borracha, así que me aproveché de su equivocación y me meé encima, lo que me
relajó bastante. Él estaba flipado con la aventura y me ofreció llevarme a su casa, pues sus padres estaban fuera el fin de semana, para dejarme ropa limpia.
Yo eructé y él lo tomó como un sí. Por supuesto, ahora sólo me quedaba comprobar
que su pito era de oro, y ya que había llegado tan lejos, no me iba a quedar
con las ganas…
Su moto era estupenda, y me agarré a él como a un poste en medio
de un huracán. En un frenazo aproveché para tantearle “el apodo”, y parecía
cierto. Su casa era aún mejor que la moto, pero al llegar a su habitación,
estaba hecha un asco, y olía a calcetines con queso. Al mirar a la cara de
Pito, lo del olor a queso se me olvidó, y ya sólo quería conocer el porqué de
su mote. No quise andarme con rodeos, y ya que estaba supuestamente borracha,
le dije: “¿quieres contarme y demostrarme por qué te llaman Pito de Oro?”
Acompañé aquella frase con una caricia en la rodilla de Chamizo, que no se
sobresaltó ni lo más mínimo porque estaría acostumbrado. “Bueno”, respondió,
“al contrario de lo que todas pensáis, lo de Pito de Oro fue porque los de
sexto me dieron un premio al mejor árbitro hace dos años. Arbitro de los
partidos de 6º a 8º y dicen que soy muy justo. Mira, aquí está…” Fiiiiiu, fiiiiiiiiiiu, fiiiiiiiiiiiiiu, pitó Chamizo con todas sus fuerzas un pito que había sacado
del cajón de su escritorio y que parecía un churro. “Vaya mierda” se me escapó.
El mito había muerto y ya no me interesaba Chamizo. “Pero si lo que quieres es
verme la pirula, mira esto” me dijo de pronto, y se la sacó. No es que
estuviese mal, pero qué narices, yo tenía 15 años, me había comido media raja de
salchichón pasado hacía media hora, y me dio un asco que te cagas. Salí
despavorida ante la visión de aquel pirulón, y no volví a dirigirle la palabra
a Chamizo en la vida, aunque él, desde aquel día, sigue enamorado de mí.
Fdo: MaCU LOcalí Ente