Hace unas semanas mi prima Pili Grossa compró una camisa hipster en una tienda de segunda mano y primera calidad en Almagro, Ciudad Real. El hombre de la tienda le aseguró que había pertenecido a su abuelo, y de ahí la etiqueta vintage. La convenció, y el primer día que se la puso observó que la gente la rehuía. Descubrimos que los sobacos de la camisa olían a rayo cósmico, más bien a sobaco de hace setenta años. La lavó con Norit, Ariel, Ecogel, Kalia, lejía y gasolina, pero el olor era más resistente que Putin, y decidió cortar ambas áreas sobaquiles en redondo. La camisa era lo más y se negaba a renunciar a ella. Y menos cuando había pagado 120 euros por la pieza.
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| Pili Grossa con su camisa demodé, marcando tendencia |
