-¡Mina, hoy es su cumpleaños!
Era China Town, a las tres de la mañana, llamando a mi casa, ronca perdida.
-¿Te das cuenta de la hora que es? ¡Me has arruinado la fase REM del sueño!
-Déjate de excentricidades, Mina.
-¿Te refieres a Gavilán Palomo? - ¿De qué sabía ella que era el cumpleaños de Loreto Tinoco, aquella mujer de más de 50 que se coló en unos cursillos para menores de 20 en Mirroque de Mar hace mil veranos?
-Bueno, resulta que es funcionaria de Hacienda y un tío muy bueno que he conocido esta noche trabaja con ella. ¿Sabes cuántos cumple?
En mi cabeza aparecieron cientos de cálculos que solo consiguieron volverme loca.
-Verás, para calcular la edad de alguien que es bisnieta de Tutan Kamón, sobrina nieta de Abraham, abuela sexta de Teresa Rabal, hermana del escudero del Cid Campeador, alguien que es la Piedra Roseta, la dama de Elche, un pirulí de la Habana en 1945, la creadora de la Torre Eiffel, un ladrillo del Taj Mahal, los restos del Arca de Noé, pollo asado de hace dos semanas, mayonesa pasada, pasas de California, castañas pilongas…
-¡Basta de fábulas, Mina! ¿Quién eres, Rabindranath Tagore? – Me paró los pies, agotada de oírme-. ¡Esa pájara cumple cuarenta!
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La joven Loreto en Mirroque de Mar en 1999 |
-Estate tranquila,
Mina. Piensa que, con que se haya quedado como estaba, seguirá pareciendo tener
80 años más que nosotras. Mi amiguito asegura que han querido jubilarla varias
veces y es solo el carnet de identidad lo que se lo ha impedido-. Tengo que dejarte, reina...
China cortó, absorbida por una aventura de veinticuatro horas, claramente. De pronto me sentí aliviada. Imaginaba a la vieja Gavilán tratando de multar a todas las personas a las que atendía en Hacienda bajo su voz de pájaro carpintero afónico y su sabiduría sumeria, inventada por ella misma. Mi cumpleaños también se aproximaba y me dejé llevar por la superficialidad tranquilizadora de saber que hay personas que parecen mucho más viejas de lo que son.